Somos más que seres humanos, somos seres divinos

Reconocer que "somos más que seres humanos, que somos seres divinos", es maravilloso, y hasta un desafío.  Es así como nos definió, durante una homilía celebrada recientemente,  Monseñor Benito Ángeles, párroco de la iglesia San Antonio de Padua.

 

Esa afirmación, me llenó de complacencia, porque así lo considero, pero recordó los deberes que tengo como ser humano, si quiero alcanzar tal fin.

Y es que ser un ser divino, significa que somos poseedores  de un poder ancestral que nos hace inmortales. Y esa inmortalidad inicia, cuando partimos de este maravilloso camino llamado vida terrenal, y como regalo de despedida dejamos entre nuestros iguales, ejemplo de buen vivir;  legados benignos a la sociedad.

Realmente, no morimos, lo creo así; nos elevamos a niveles más grandes que los alcanzados mientras ocupábamos nuestro cuerpo y caminábamos entre nuestros iguales. Así lo explicó el sacerdote y yo le creo.

Seres divinos que hacen un mundo mejor, gracias a la impronta dejada.

Escuchar este sermón, me transportó a tantas mujeres  extraordinarias, a tantos hombres extraordinarios, que partieron hace siglos; hace años, pero su legado de amor, sacrificio, entrega. Ese ejemplo de alegría, de vida plena, porque vivieron cada emoción que ella encierra, llenó mi espacio de energía maravillosa, vestida de gozo.

Recordé a la primera médica dominicana: la gran Evangelina Rodríguez, que grande fue su aporte a la salud de las poblaciones más vulnerables de nuestro país y a la elaboración de normativas sanitarias. Recibiendo a cambio vejámenes y pagando con su vida ese hermoso sacrificio de solidaridad, de entrega.

Recordé también a la más grande de todas las poetas dominicanas, la maestra Salomé Ureña; que hermoso legado de sacrificio, amor a la cultura, desprendimiento material y vocación.

Sin dejar de pensar en el más grande de todos los dominicanos, el padre y guía; ese mismo que dijo repetidamente: "Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria".

El que afirmo: "Procuraré conservarme bueno, conservaré mi corazón y mi cabeza. Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y triunfante".

Y continuó el  patricio: "El buen dominicano tiene hambre y sed de justicia ha largo tiempo, y si el mundo se la negase, Dios que es la Suma Bondad, sabrá hacérsela cumplida y no muy dilatado; y entonces,  !ay! de los que tuvieron oídos para oír y no oyeron, de los que tuvieron ojos para ver y no vieron... !la Eternidad de nuestra idea! porque ellos habrán de oír y habrán de ver entonces, lo que no hubieran querido oír, ni ver jamás".

Mi encomio a Juan Pablo Duarte!, maestro y guía de nuestra democracia plena. Citarlo en estos tiempos y recordar su legado, es necesario.

Y así durante la misa, por mí mente pasaron muchas figuras ilustres, tanto de nuestra patria como allende de los mares: Eugenio María de Hostos, Antonio Zaglul, Martin Luther King; Pedro Henríquez Ureña; Sebastián Lemba, por sólo nombrar algunos. Y millares de hombres anónimos y mujeres anónimas, que con su ejemplo personal y profesional, han dejado huellas en nuestras vidas.

Personas tan grandes y nobles como esas nunca mueren!

Es por esto que te invito a que identifiques cuál es tu rol?. Abrázalo, persiste, esa será tu impronta, cuando ya no estés físicamente!. Que la pereza no invada tu camino. Estás llamado para dejar hermosas y positivas huellas, asume hoy ese compromiso; vive en amor y alegría esta vida maravillosa!

La autora es educadora, periodista y abogada.

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