¿Y la oposición?

Miguel Vargas, presidente del Partido Revolucionario Dominicano, PRD. Foto: Augusto Valdivia Miguel Vargas, presidente del Partido Revolucionario Dominicano, PRD. Foto: Augusto Valdivia

En República Dominicana, hacer una oposición que se convierta en contrapeso del Poder establecido, es una constante en la tradición de gobierno del país. Ni siquiera la férrea dictadura de Trujillo escapó a una obstrucción sin tregua. Solo el PLD ha gobernado, y gobierna, sin contrincantes a la vista.

 

En efecto, en los años 40 del siglo XX, se fundó en el exilio, el Partido Revolucionario Dominicano. Desde sus inicios, el PRD forjó una oposición tesonera al dictador Trujillo, incluso, organizó expediciones armadas para derrocar el régimen. Una vez descabezada la dictadura, los suplicios por contrariar al sátrapa dieron su fruto. Al final del absolutismo, en 1962, se celebraron elecciones libres. El profesor Juan Bosch fue el candidato a la presidencia por el partido blanco, y el 61% de los votos emitidos favoreció a Bosch.

El golpe de Estado perpetrado al gobierno de Bosch, frustró los bríos democráticos en el país. La consecuencia de la asonada militar, fue la revolución armada por la vuelta a la constitucionalidad. A los norteamericanos no les quedó de otra, intervenir el país para sofocar la insurrección.

Luego de “pacificado” el país, se impuso celebrar nuevas elecciones. Las condiciones creadas por los norteamericanos, facilitaron imponer un presidente títere, que satisfaga el ego de los nacionalistas locales. La treta electoral se armó para elegir al Dr. Joaquín Balaguer, presidente constitucional de la república.

El Partido Reformista, mismo que luego mutó en PRSC, gobernó 12 años, con el “muñequito de papel” (mote que le dio el pueblo a Balaguer) a la cabeza. La represión generalizada marcó la tónica del gobierno reformista. Las torturas y desapariciones de los contrarios al régimen, llevó al PRD a hacer lo que sabe sobrado, una oposición sistemática al gallo colora’o.

Los cañones de los fusiles del ejército, alargados con las bayonetas, se convirtieron en astas para las banderas rojas que promovían la reelección de Balaguer. ¡Nada valió! El tesón opositor del PRD afinó con los intereses nacionales y concitó el apoyo de los demás partidos políticos. Nueva vez, los blancos, fueron premiados por los sacrificios hechos como ente opositor. El “jacho prendio”, se iluminó en 1978, con Don Antonio Guzmán Fernández, electo Presidente.

Los conflictos internos en el partido blanco, se remontan al génesis del perredeismo, y en 1973, desembocó en división irreversible. En consecuencia, el profesor Juan Bosch se fue, y fundó el Partido de la Liberación Dominicana. La escisión, ante todo, constituyó la antesala para forjar lo que sería, cinco años después, la oposición al gobierno perredeista.

En efecto, los colora’os tardaron cuatro años recomponiendo fuerzas, para regresar al gobierno en 1986. El afianzamiento de los morados como fuerza opositora, benefició la recomposición reformista. El regreso de los reformistas al Poder, fue favorecido por las diatribas entre los propios perredeistas. Cabe recordar, que el presidente Salvador Jorge Blanco, del PRD, se resistió a reconocer el triunfo al Lic. Jacobo Magluta Azar, candidato blanco. En cambio, Jorge Blanco prefirió entregar el mando al Dr. Balaguer.

Es así, que el Dr. Balaguer, y los reformistas, gobernaron nueva vez. El Dr. Jorge Blanco fue condenado por corrupción, así le pagó Don Elito por traicionar su propia gente. Desde entonces, el PRD viene en picada. Los morados, pasaron a encabezar la oposición y posteriormente, a gobernar con la bendición balaguerista. El desbarajuste de los demócratas blanco es tal, que hoy es partido bisagra del PLD.

Y no es para menos, en el 2015, el PRD se dividió otra vez. El expresidente Hipólito Mejía, y el Dr. Luis Abinader, al salir, crearon el Partido Revolucionario Moderno. El nocaut, tiene al partido blanco postrado frente a los peledeista, no pueden contrariar el gobierno. Cabe entonces cuestionarse.

¿Qué impide al PRM, continuar la tradición opositora sostenida por el PRD, el PRSC y el mismo PLD, respectivamente?

¿Acaso pesa más el interés empresarial de sus líderes o que, siendo viejos robles, están cansados de tanto batallar?

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