De la tragedia a la esperanza

Camión de bomberos del 911 en el municipio San José de las Matas (Sajoma), de la provincia Santiago. Foto: Augusto Valdivia Camión de bomberos del 911 en el municipio San José de las Matas (Sajoma), de la provincia Santiago. Foto: Augusto Valdivia

La República Dominicana ahora es parte de un eficiente sistema nacional de atención a emergencias, que en sus primeras etapas ha alcanzado un lugar en la mente de cada dominicano, donde todos los servicios de emergencia están a disposición de un número compuesto por tres dígitos 9-1-1 y tiene como objetivo proveer a los ciudadanos, residentes, visitantes y todo aquel que se encuentre en territorio nacional  de las atenciones que requieran en materia de seguridad y servicio públicos integrados en el mismo.

En la actualidad el 911 juega un papel muy importante para el país; su primera fase inició la cobertura en el Gran Santo Domingo, incluye los municipios Santo Domingo Norte, Este y Oeste; Pedro Brand, San Antonio de Guerra, Boca Chica, Los Alcarrizos y el Distrito Nacional. La segunda fase contó con la expansión hacia los municipios de San Cristóbal, Bajos de Haina y Nigua; para luego dar paso a las operaciones en la Zona Norte con los municipios de Santiago, Puerto Plata, Sosúa y Luperón; conjuntamente con los distritos municipales Imbert y Cabarete.

La primera vez que se utilizó el número como punto de contacto para cualquier emergencia fue en los Estados Unidos, en el año 1968, específicamente en el pueblo de Haleyville, Alabama. Cabe destacar que el número de emergencia en otros países puede ser distinto y la primera llamada hecha a un número de emergencia se registra en Inglaterra en el año 1937, mediante el 999.

Existen varias teorías acerca del 911 y sus inicios, dentro de las cuales podemos mencionar una religiosa que se remonta a versículos de la biblia haciendo referencias a sucesos de accidentes y llamados de ayuda. La exégesis de citas bíblicas como Eclesiastés 9:11 y Salmos 91:11 crean una relación o campo semántico alrededor de las palabras: accidentes, acontecimientos y llamado de ayuda o de protección, que moldean un panorama de la sustancia del 911.

Otras versiones indican que se utilizó de la tecnología de un sistema automatizado para seleccionarlo, otras simplemente asumiendo que era sencillo marcar el número en los teléfonos viejos o también porque no había sido utilizado previamente como ningún código postal/área/telefónico o de cualquier tipo.

En la cultura dominicana, hasta hace poco, el 911 era catalogado como un sueño, una burla e incluso como una escena de las películas hollywoodenses; sin embargo, hoy en día el 911 constituye un respiro de esperanza aferrado a cada ser que se ve obligado al uso de este servicio. 

En presencia de un acontecimiento o emergencia, en la cual se necesita el uso de este sistema, solo se puede escuchar las voces de ciudadanos en busca de esperanza gritando: “llamen al 911 que llegan de una ve”, “no lo dejen morí, llamen al 911”, “hay alguien sospechoso en la casa llama al 911”, “se quema mi casita llamen al 911”, lo que pone en evidencia un sentimiento de credibilidad y a la vez cultiva aquel espíritu de salvaguardísmo que nos alienta a sentirnos protegidos, amparados o defendidos y correspondidos por nuestros derechos como seres humanos.

De tragedia a esperanza, el 911 deja de ser un código con trasfondo, un simple número o la sensación de que algo mal está pasando, y pasa a ser un símbolo, símbolo que revive la esperanza de cualquier dominicano. En tiempos dominados por la inseguridad ciudadana y la imposibilidad por parte del gobierno, a pesar de sus grandes esfuerzos, de cubrir con todas las necesidades del país; llega lo que podemos considerar como un héroe, una salvación, una esperanza de vida, y no es representada por un hombre sino más bien por un accionar, un accionar que ha cambiado la historia de un pueblo y acompaña día a día a los dominicanos en aquellos momentos difíciles, un accionar de una exitosa gestión del presidente Danilo Medina que centra a la gente en las políticas gubernamentales.

Hoy la República Dominicana vive un antes y un después, vive un cambio anhelado, que no solo está en una estructura o un sistema superficial sino que también ese cambio ha tomado curso en la mentalidad de los dominicanos, demostrando que se puede hacer las cosas diferentes y demostrando que juntos podemos convertir la tragedia en esperanza. El autor es estudiante de término de Negocios Internacionales y analista en el Ministerio Administrativo de Presidencia. Reside en Santo Domingo.  

 

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