Rosalinda, ¡qué maravilla… pero,…qué maravilla!

El viejo “yipe” Land Rover que los ingleses fabricaron con un robusto chasis de un Jeep  Willys de la segunda guerra mundial y que pertenecía al comerciante Filito Ledesma, se desplazaba cargado de chucherías, mercancías y aperos de labranza por calles y callejones de polvorientas comunidades del Sur Profundo.  Socorrido de una amarillenta y estrujada lona el vehículo hacía infinitas paradas en casas y recorría carriles de extensos cañaverales donde el comerciante ofertaba artículos y productos a potenciales clientes, mayormente picadores de caña, agricultores, obreros agrícolas y empleados del ingenio.

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