Prespuesto participativo municipal, desarrollo local y la reforma a la Ley municipal

Comunitarios participan en las propuestas del presupuesto del Ayuntamiento de Santo Domingo Este. Foto: Archivo del Ayuntamiento SDE Comunitarios participan en las propuestas del presupuesto del Ayuntamiento de Santo Domingo Este. Foto: Archivo del Ayuntamiento SDE

La democracia en el nivel municipal pasa por participar en la formulación, gestión, administración y definición de las prioridades en la estimación presupuestaria del Ayuntamiento. La democratización de la gestión de los gobiernos en las ciudades, se traduce en clave para la promoción y gestión del desarrollo local. La reforma en marcha de la Ley 176-07 tiene que abordar a fondo esta problemática.

La concepción del desarrollo local, no es un método puro y simple, es en esencia, práctica de vida. Esta experiencia de vida implica conocer los detalles del presupuesto del cabildo. Ahora, ¿quiénes deben empaparse y tomar parte del presupuesto del ayuntamiento? En primer plano, están los líderes y dirigentes comunitarios. Y en segundo lugar, todos los ciudadanos en el municipio. El segundo lugar no les resta importancia a los ciudadanos, al contrario, le permite a líderes y dirigentes cumplir con su principal función de mantener informados a sus seguidores. En el desarrollo local, el presupuesto debe gestionarse en terreno, en el campo de acción y con los propios actores locales.

En efecto, sustentada en esta visión del desarrollo surge la primera experiencia de presupuesto municipal participativo en República Dominicana, en un pequeño pueblo del Cibao, en Villa González. A partir de 1999, año en que se concretizó la primera versión del PMP las cosas marcharon ajustadas al espíritu filosófico en que se concibió, es decir, al desarrollo local. Los debates se centraron en priorizar la participación de la gente del barrio, el campo y de diferentes sectores sociales y de género y niñez. En este sentido, siempre estuvo en agenda la búsqueda incesante por encontrar ideas creativas. Hacer los métodos más sencillos y prácticos, que los dirigentes de menor formación escolar pudiera entenderlos e implementarlos por su propia cuenta.

En las leyes 176-07 y la 170-07 le llaman PPM, (Presupuesto Participativo Municipal) para fines del presente artículo yo le llamaré igual como lo hacen en Villa González, es decir, Presupuesto Municipal Participativo.

¿Cuándo se origina el problema que hiso inviable o atrofió el espíritu participativo en el proceso presupuestario de los ayuntamientos del país?

Desde mi punto de vista, la distracción comienza con el auge acelerado del proceso participativo. Cada vez el entusiasmo de la gente era más grande, y la calidad de la participación crecía de manera exponencial. La magnitud del poder de convocatoria atrajo el interés de las agencias de cooperación internacional que competían entre ellas por resultados “relevantes” en sus iniciativas. La puja entre las diferentes iniciativas de cooperación trajo aparejadito mayor inversión de recursos en los proyectos aprobados.

En consecuencia, recursos en dólares y euros invertidos en pequeñas ciudades, crearon la percepción de que se movían fortunas inmensas. El mito de la fortuna, acompañado de la movilización de mucha gente, atrajo otros intereses tan dudosos como el de las agencias. Hablamos de los “dirigentes” políticos, mismos que ven la conquista de votos en todas partes y tras ellos desvirtúan hasta sus propias familias.

He ahí el punto, todos querían ser graciosos frente a la gente y haciendo gracia la gente hace todas las morisquetas del mundo. Lo primero fue la oferta de decenas de millones de euros provenientes de un banco alemán. Luego, vino la Ley 170-07 de Presupuesto Municipal Participativo y casi inmediatamente se aprobó la 176-07 de los ayuntamientos y el Distrito Nacional que incluyó in extensa la anterior sin derogarla.

Por derivación, la mescla forzada de intereses cuestionables resultó en un cúmulo de métodos ¿participativos? tan complejos y enmarañados que ni el mejor de los expertos lo entendería. En esa maraña, el ciudadano se esfumó por completo, se instrumentalizó de tal modo, que es difícil encontrar un municipio donde el PMP se implemente teniendo la gente como centro.

En virtud de ese arroz con mango legal plasmado en la Ley 176-07, los legisladores están en la imperiosa necesidad de corregir esos entuertos. Sobre todo hoy, que está en marcha un proceso de reforma al marco legal municipal.

El Presupuesto Municipal Participativo (PMP), enmarcado en el enfoque del desarrollo local, constituye sin dudas, la herramienta fundamental de construcción de liderazgo local. Y el deterioro moral de los partidos requiere, hoy más que nunca de líderes capaces de enamorar la gente en cada comunidad.

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