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Los feminicidios, heridas abiertas en el seno de la sociedad

Los feminicidios, heridas abiertas en el seno de la sociedad. Imagen creada con IA. Los feminicidios, heridas abiertas en el seno de la sociedad. Imagen creada con IA.

Con alrededor de 50 muertes de mujeres a manos de parejas o de ex parejas en lo que va de año, la República Dominicana transite por una preocupante senda, especialmente cuando se creía que, para esta fecha, con el avance en el desarrollo de la Agenda 2030, este aspecto tendría mayor control ¿En qué seguimos fallando como Estado?

No podemos conformarnos con el hecho de que en tal tiempo era tal cantidad de muertes de mujeres por feminicidios. No se trata de que en el pasado hubo más o menos, de lo que se trata es de cumplir con una serie de estrategias que reducirán la ocurrencia de estos casos. Nuestro país es signatario de diferentes acuerdos en este sentido, y estos acuerdos deben ser cumplidos, implementando a través del Estado, las políticas creadas con estos fines y que garantizan ir moldeando conductas sociales, que aún en este siglo subyacen en nuestra sociedad y que se manifiestan con la manera en que pensamos y actuamos frente a determinados temas de convivencia social.

Se ha dicho también que los feminicidios tienen que ver con una desatendida agenda de salud mental en el país, situación que se agudizó con la pandemia. Si bien es cierto que los niveles de ansiedad se dispararon durante ese histórico período dejando secuelas, no es menos cierto que venimos arrastrando estadísticas preocupantes en cuanto al tema de los feminicidios, desde mucho antes de la pandemia. Se trata de un problema cultural, de educación, conductual…es multidimensional.

Recientemente, la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, al abordar el tema, sostuvo que las cifras de muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas en el país, constituye un “drama humano” y una “pandemia”. Y no deja de tener razón la ministra. Pero este drama humano viene fruto de una falla en el sistema.

Cada vez que una mujer es asesinada por quien prometió, en algún momento, protegerla y cuidarla, se abre una herida en el corazón de la sociedad, por la partida de una mujer a destiempo, pero también por la secuela que deja este hecho,con el daño emocional a centenares de niños, niñas y adolescentes que vieron morir a su madre, asesinada por su padre o padrastro. Es terrible tener que ver cómo estas dantescas historias se repiten una y otra vez.

Pero con lamentarnos no es suficiente. Hay que seguir concientizando. Deben volver a nuestros barrios y comunidades, los programas que abordaban decenas de organizaciones sin fines de lucro, que orientaban y ayudaban a detectar con tiempo, las manifestaciones de violencia. La mayor parte de esas acciones desaparecieron porque el Estado las dejó abandonadas a su suerte, sin recursos y sin respaldo.

Todavía es mucho lo que hay que hacer y el trabajo tiene mayor alcance si involucra a más actores y actrices, pero para ello, se deben crear las condiciones para la participación de todas y todos en la necesaria orientación a mujeres, niñas y también a los jovencitos y a los hombres, para la prevención de los feminicidios.

 

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Con alrededor de 50 muertes de mujeres a manos de parejas o de ex parejas en lo que va de año, la República Dominicana transite por una preocupante senda, especialmente cuando se creía que, para esta fecha, con el avance en el desarrollo de la Agenda 2030, este aspecto tendría mayor control ¿En qué seguimos fallando como Estado?

No podemos conformarnos con el hecho de que en tal tiempo era tal cantidad de muertes de mujeres por feminicidios. No se trata de que en el pasado hubo más o menos, de lo que se trata es de cumplir con una serie de estrategias que reducirán la ocurrencia de estos casos. Nuestro país es signatario de diferentes acuerdos en este sentido, y estos acuerdos deben ser cumplidos, implementando a través del Estado, las políticas creadas con estos fines y que garantizan ir moldeando conductas sociales, que aún en este siglo subyacen en nuestra sociedad y que se manifiestan con la manera en que pensamos y actuamos frente a determinados temas de convivencia social.

Se ha dicho también que los feminicidios tienen que ver con una desatendida agenda de salud mental en el país, situación que se agudizó con la pandemia. Si bien es cierto que los niveles de ansiedad se dispararon durante ese histórico período dejando secuelas, no es menos cierto que venimos arrastrando estadísticas preocupantes en cuanto al tema de los feminicidios, desde mucho antes de la pandemia. Se trata de un problema cultural, de educación, conductual…es multidimensional.

Recientemente, la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, al abordar el tema, sostuvo que las cifras de muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas en el país, constituye un “drama humano” y una “pandemia”. Y no deja de tener razón la ministra. Pero este drama humano viene fruto de una falla en el sistema.

Cada vez que una mujer es asesinada por quien prometió, en algún momento, protegerla y cuidarla, se abre una herida en el corazón de la sociedad, por la partida de una mujer a destiempo, pero también por la secuela que deja este hecho,con el daño emocional a centenares de niños, niñas y adolescentes que vieron morir a su madre, asesinada por su padre o padrastro. Es terrible tener que ver cómo estas dantescas historias se repiten una y otra vez.

Pero con lamentarnos no es suficiente. Hay que seguir concientizando. Deben volver a nuestros barrios y comunidades, los programas que abordaban decenas de organizaciones sin fines de lucro, que orientaban y ayudaban a detectar con tiempo, las manifestaciones de violencia. La mayor parte de esas acciones desaparecieron porque el Estado las dejó abandonadas a su suerte, sin recursos y sin respaldo.

Todavía es mucho lo que hay que hacer y el trabajo tiene mayor alcance si involucra a más actores y actrices, pero para ello, se deben crear las condiciones para la participación de todas y todos en la necesaria orientación a mujeres, niñas y también a los jovencitos y a los hombres, para la prevención de los feminicidios.

 

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