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El peligro de la teocracia y la cultura

Rosalba Hernández. Rosalba Hernández.

La decisión de retirar la escultura submarina de Atabey no es un simple acto administrativo: es el síntoma de una sociedad que ha permitido que los negociantes de la fe ocupen el lugar que antes correspondía a la reflexión cultural, al pensamiento crítico y al respeto por la diversidad espiritual.

Atabey, símbolo de la madre agua y de la cosmovisión taína, representa las raíces profundas del ser dominicano, un vínculo ancestral con la naturaleza y la sacralidad del territorio que nos sostiene. Que hoy su imagen sea censurada por presiones de pastores que operan como empresarios políticos, muestra la distorsión de un poder religioso que se ha infiltrado en la vida pública sin control legal ni ético.

En lugar de promover valores, estos actores manipulan la devoción y la ignorancia para ganar influencia sobre gobiernos débiles que los recompensan con cuotas de poder. Mientras tanto, el país se llena de templos improvisados, de voces que gritan salvación pero niegan el arte, la ciencia y el pensamiento.

Retirar a Atabey del mar no es proteger la fe: es borrar la memoria, es negar nuestra raíz indígena, es dejar que el fanatismo sustituya a la cultura. Por eso, este hecho no debería verse como una anécdota local, sino como una alarma nacional sobre el peligro de la teocracia disfrazada de populismo moral.

 

La autora es artista visual dominicana, residente en el extranjero.

Tomado de su muro en Facebook.

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El peligro de la teocracia y la cultura

Rosalba Hernández. Rosalba Hernández.

La decisión de retirar la escultura submarina de Atabey no es un simple acto administrativo: es el síntoma de una sociedad que ha permitido que los negociantes de la fe ocupen el lugar que antes correspondía a la reflexión cultural, al pensamiento crítico y al respeto por la diversidad espiritual.

Atabey, símbolo de la madre agua y de la cosmovisión taína, representa las raíces profundas del ser dominicano, un vínculo ancestral con la naturaleza y la sacralidad del territorio que nos sostiene. Que hoy su imagen sea censurada por presiones de pastores que operan como empresarios políticos, muestra la distorsión de un poder religioso que se ha infiltrado en la vida pública sin control legal ni ético.

En lugar de promover valores, estos actores manipulan la devoción y la ignorancia para ganar influencia sobre gobiernos débiles que los recompensan con cuotas de poder. Mientras tanto, el país se llena de templos improvisados, de voces que gritan salvación pero niegan el arte, la ciencia y el pensamiento.

Retirar a Atabey del mar no es proteger la fe: es borrar la memoria, es negar nuestra raíz indígena, es dejar que el fanatismo sustituya a la cultura. Por eso, este hecho no debería verse como una anécdota local, sino como una alarma nacional sobre el peligro de la teocracia disfrazada de populismo moral.

 

La autora es artista visual dominicana, residente en el extranjero.

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