Cuando el “aclarar y esclarecer” genera más dudas
- Escrito por Cesarín Leonardo Febles
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- Publicado en Cartas al Director
Cesarín Leonardo Febles.
Las “verdades” oficiales que no resisten un video ciudadano ni una lupa sobre una cédula están erosionando algo más grave que una versión, ponen en relala credibilidad misma del Estado.
“Pero se mueve”, murmuró Galileo Galilei después de que el tribunal lo obligara a negar lo que sus propios ojos habían comprobado. Cuatro siglos después, la frase sigue vigente, solo que ahora los ojos son millones y llevan cámara. Un video grabado por un ciudadano cualquiera (un joven testigo), una foto tomada a una cédula con el lente y la lupa del celular, y la narrativa oficial se tambalea en horas. Porque la gente ya no espera el comunicado sino que comprueba, compara, amplía la imagen. Y cuando lo que ve no coincide con lo que le dicen, concluye lo obvio: la versión oficial no siempre obedece a la verdad, y el derecho ciudadano a una información veraz quedó en segundo plano.
El problema para las autoridades es que cada desmentido que después no se sostiene les cuesta el doble. Quedan mal dos veces: primero por el hecho, después por la aclaración fallida. Y esta semana El Seibo lo vivió en carne propia.
Librand Alexander Tavarez Montero, de 21 años, murió en la carretera El Seibo-Las Cuchillas. Jóvenes que lo acompañaban afirmaron que un policía le propinó un golpe con un casco protector, provocando las lesiones que le causaron la muerte. Hoy Digital La indignación encendió protestas en La Jabilla en Villa Guerrero y otros sectores, con neumáticos ardiendo y decenas de botellas y basura tirada en las calles.
La Policía Nacional convocó entonces una rueda de prensa para “aclarar”. Presentó un video borroso de una cámara de vigilancia del puesto de control, sosteniendo que las imágenes no muestran contacto del agente con el motociclista. El propio vocero admitió que el audiovisual tampoco muestra el momento del siniestro, y pidió esperar otras imágenes que puedan servir al proceso investigativo.
Un video borroso que no capta el momento clave no aclara: alimenta. Y la pregunta que la población se hace es tan simple que duele: si los agentes del retén portaban cámaras corporales —como manda la reforma policial que tanto se promociona—, ¿por qué no presentar esas imágenes en vez de descartar la acusación con material de baja calidad? Esa evidencia existe o no existe. Si existe, muéstrenla. Si no existe, expliquen por qué.
Lo mismo ocurrió, en otro terreno, con la cédula. Ayer fue tendencia nacional la denuncia sobre el Escudo Nacional del nuevo documento, donde ni la Biblia ni el lema “Dios, Patria y Libertad” ni el nombre del país se distinguen a simple vista. El presidente de la JCE respondió que el diseño contó con la anuencia del Instituto Duartiano y de Efemérides Patrias.
Si así lo dicen es cierto. Pero esa aclaración no responde lo que el ciudadano pregunta: no quién aprobó el diseño, sino por qué en su cédula no se ve lo que la Constitución describe. Aclarar hacia un lado distinto del reclamo es otra forma de no aclarar.
Desde este medio, una sugerencia respetuosa pero firme a las autoridades: antes de salir a “aclarar o esclarecer”, investiguen ampliamente. No con el objetivo de descartar versiones y callar las redes, sino de ofrecer respuestas creíbles e irrefutables. Una aclaración prematura que después se desmorona hace más daño que el silencio prudente de quien investiga en serio.
“Pero se mueve”, dijo Galileo. “Pero murió,” diría alguien. Hubo una vida perdida, hoy está enterrado Librand Alexander y quizás esa autopsia en INACIF de SAN Pedro de Macorís no revelara las causas del “accidente” en que murió. Que no tuvo contacto, que no fue con el casco, pero entonces ¿con qué se provocó el accidente?
No se quitó la Biblia, pero ¿por qué en mi cédula hasta con la lupa del móvil se aprecia otra cosa? Por qué no se distinguen ni se pueden leer “Dios, Patria, Libertad” ni “República Dominicana” a simple vista? Hay quien quiere que de la vista simple y sencillamente y hasta del subconsciente de la población desaparezcan esas palabras, quién o quiénes son?
“Aclaren, esclarezcan, desmientan” si es necesario, pero no generen más dudas. Y recuerden que pese a los efectos de la manipulación y aniquilación mediática, del ahorcamiento económico con que quieren hacer desaparecer a quienes dice las cosas como son, en la población hay personas que piensan y ven más allá de lo que a ustedes les interesa mostrar.
No todo caso se cierra con un titular, Diego, perdón digo, dice el dicho. La pérdida de credibilidad en las fuentes oficiales es asombrosamente creciente. Y con razones muy válidas.
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