Sublevación en Haití; exigen renuncia de presidente Jovenel Moïse

El elemento fundamental a comprender es que el estado de sublevación de las masas trasciende por completo el hecho del aumento de los combustibles. Esto ha sido “la última gota que rebalsó el vaso”, como solemos decir. El elemento fundamental a comprender es que el estado de sublevación de las masas trasciende por completo el hecho del aumento de los combustibles. Esto ha sido “la última gota que rebalsó el vaso”, como solemos decir.

Es importante destacar que por el momento, ninguna fuerza política está comandando las acciones, si no que se están desarrollando en forma descoordinada. Las organizaciones están intentando articularse para dotar a este levantamiento de una dirección política más clara y evitar que la situación termine en una violencia generalizada sin control.

Haití.- En apretada síntesis que la situación en Haití sigue en estado de ebullición y que se ha profundizado la crisis de manera muy grave. Hace días se vive un estado insurreccional en casi todas las regiones del país. Las rutas están cortadas, hay incendios, barricadas y enfrentamientos violentos en diferentes lugares. Esta situación es resultado de una acumulación de conflictos, descontentos y enfrentamientos de toda clase que están desarrollándose desde hace años, frente a las políticas antipopulares y de saqueo que lleva adelante el gobierno títere del actual presidente ilegítimo Jovenel Moïse.

El último detonante ha sido el anuncio del Gobierno de un aumento brutal en el precio de los combustibles. (Es necesario aclarar que los principales combustibles utilizados por el pueblo para cocinar, son el carbón y el kerosene, porque no existe suministro de gas, salvo para las clases acomodadas y la élite dominante). Este aumento había sido anunciado previamente, y las organizaciones populares habían advertido que si lo cumplían, iba a desatarse una insurrección popular. Es lo que está sucediendo ahora.

El estado insurreccional actual ha sobrepasado las posibilidades de contención por parte de las fuerzas represivas. La magnitud del estallido es monumental, ni en la caída de la dictadura de Duvallier se había registrado un levantamiento de estas características.

La Policía Nacional está acuartelada y lo ha informado a través de un comunicado. Esta decisión "rara" indica que el presidente Jovenel no tiene el control sobre su principal fuerza de represión. Tampoco hay presencia de la Policía de la MINUJUSTH (ONU) en las calles. Hasta ahora el Gobierno no ha emitido declaración oficial alguna.

El elemento fundamental a comprender es que el estado de sublevación de las masas trasciende por completo el hecho del aumento de los combustibles. Esto ha sido “la última gota que rebalsó el vaso”, como solemos decir. El hartazgo y clamor popular expresado en las barricadas y en las calles exige la renuncia del Presidente, reclama la caída del Gobierno.

Cientos de miles de manifestantes se desplazan por las calles, levantando barricadas, incendiando estaciones de servicio, concesionarias de autos, locales, viviendas, etc. y se está convocando a ocupar el centro de la capital, donde se encuentra el Palacio de Gobierno.

No hay medios de transporte, todos los mercados están cerrados, los medios de comunicación (radios, canales, etc) no están emitiendo información porque los periodistas no consiguen trasladarse hasta sus centros de producción, aunque en algunos casos la omisión de información es intencional. Sin embargo, comunicadores de medios populares están intentando recomponer de alguna manera la cadena de información.

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