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México consagra en su Constitución la defensa del maíz nativo frente a los transgénicos

Maíz criollo de México. Maíz criollo de México.

 

Por primera vez en su historia, México ha dado rango constitucional a la protección del maíz nativo, al reformar su carta magna para prohibir el cultivo de semillas genéticamente modificadas. La presidenta Claudia Sheinbaum, al firmar la reforma, enfatizó que se trata de un acto de defensa de la biodiversidad, la salud pública y la soberanía alimentaria. Este paso convierte a México en el segundo país que prohíbe constitucionalmente el uso de transgénicos, después de Perú, que desde 2011 mantiene una moratoria a los cultivos modificados.

 


La nueva legislación refuerza las restricciones ya vigentes contra las semillas transgénicas y contra el herbicida glifosato. El debate se intensificó en 2023, cuando un fallo determinó que el decreto presidencial que prohibía el uso masivo de maíz transgénico violaba el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Aun así, el gobierno mexicano ha insistido en que la prioridad debe ser proteger el maíz nativo, un cultivo domesticado en Mesoamérica hace más de 9,000 años y que hoy representa cerca del 60% de la ingesta calórica diaria de la población.

La preocupación central de las autoridades y científicos mexicanos es la contaminación genética de las variedades tradicionales. Charles Benbrook, experto en biotecnología agrícola, advierte que “si se siembra maíz transgénico en México, el ADN novedoso terminará mezclados con las variedades nativas a través del polen, contaminando en una o dos décadas prácticamente todo el maíz no transgénico del país”. Esa advertencia cobra un sentido aún más profundo en un territorio que es considerado el centro de diversidad del maíz a nivel global.

En países como Estados Unidos y Brasil, donde el maíz transgénico domina más del 80% de los cultivos, las autoridades sanitarias y los grandes productores han defendido su uso por su resistencia a plagas y su alta productividad. La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. sostiene que no hay riesgos graves para la salud humana derivados del consumo de este maíz. Sin embargo, organismos internacionales como la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (OMS) clasifica al glifosato, herbicida asociado al cultivo transgénico, como un probable carcinógeno. Investigadores de la Universidad Estatal de Washington y la Universidad de California, Berkeley, han vinculado el glifosato y el maíz genéticamente modificado con enfermedades neurológicas, problemas de fertilidad, daños hepáticos y alteraciones digestivas en animales de laboratorio.