Obispos alzan su voz a favor de los jóvenes y denuncian males que afectan la sociedad


Panel de debate en el programa televisivo de la Iglesia Católica "Hablan los Obispos". Panel de debate en el programa televisivo de la Iglesia Católica "Hablan los Obispos".

Los Obispos resaltaron que las iglesias están llenas de gente buena buscando una vida sana pero que tanto las familias, la sociedad, las autoridades, los maestros como segundos padres, los políticos y el Gobierno, deben unirse para darle mejores oportunidades a la juventud como forma de salvar la patria.

Los Obispos de la Iglesia Católica reunidos en la Conferencia del Episcopado Dominicano lanzaron su voz de alerta a favor de los jóvenes y hacen un retrato hablado denunciando los males que afectan la familia y la sociedad de República Dominicana.

La Conferencia del Episcopado emitió un comunicado con motivo de celebrarse el 173 aniversario de la Independencia Nacional, en el que denunciaron los males que afectan a la juventud dominicana.

Los Obispos resaltaron “la realidad de la pobreza que azota al 40% de los hogares dominicanos, crea grandes desigualdades y escasas oportunidades para estudiar y progresar en la vida”.

“cada vez más envueltos en actos de violencia, atracos, asaltos, homicidios y todo tipo de delincuencia, impulsados por el consumo y tráfico de droga y el ideal de un enriquecimiento fácil, teniendo como paradigma a políticos corruptos y narcotraficantes” afirman en su comunicado.


Compartimos el Resumen del Mensaje de los Obispos emitido en este mes de febrero de 2017.




ADOLESCENTES Y JÓVENES EN LA REALIDAD DOMINICANA
Introducción

Como pastores, al celebrar el 173 aniversario de la fiesta de la Independencia Nacional, queremos dirigir una palabra a la sociedad dominicana: a nuestras comunidades, a las familias, y especialmente a los adolescentes y jóvenes.
La realidad de nuestros adolescentes y jóvenes

Somos un pueblo con una gran población de adolescentes y jóvenes que suman el 36.3% (3, 674, 069) de la población dominicana, en las edades que oscilan de 10-29 años. En ellos descubrimos muchos valores que nos llenan de alegría y de esperanza, entre los que destacamos:
Deseo de superarse a través del estudio.
La disposición a reunirse, a encontrarse, a pasear y a divertirse juntos, valorando la amistad entre ellos.
Nuestros jóvenes, en su mayoría, son generosos y solidarios en sus comunidades y sectores, participando activamente en acciones de desarrollo comunitario, en la reforestación, en las protestas a favor de la justicia, en las emergencias provocadas por las inundaciones y otras causas.

Numerosos jóvenes buscan al Señor en la Iglesia y en otras Comunidades Cristianas con amor y entusiasmo, integrándose en los grupos juveniles.
Las vocaciones de los jóvenes al ministerio sacerdotal y a la Vida Consagrada ha crecido en nuestro país, así como la vocación a los diferentes ministerios y servicios. 
Constatamos, también, con tristeza y preocupación, la realidad dolorosa que marca la vida de muchos de nuestros adolescentes y jóvenes que les impide desarrollarse y realizar la vocación a la que Dios los ha llamado.
Señalamos las siguientes situaciones:
Un gran número de adolescentes y jóvenes nacen y crecen en hogares disfuncionales, sin una figura paterna o materna que los guíe, con alto nivel de agresividad, faltos de cariño y de modelos que los impulsen a vivir los valores humanos y cristianos auténticos.

La realidad de la pobreza que azota al 40% de los hogares dominicanos, crea grandes desigualdades y escasas oportunidades para estudiar y progresar en la vida.
La carencia de líderes sociales y políticos que sirvan al pueblo en vez de lucrarse de los bienes comunes de la nación y que hacen de la corrupción un modo de vivir y de escalar una posición en la vida, sin ninguna condena judicial, creando una cultura del más vivo y del sálvese quien y como pueda.

Nuestros jóvenes encuentran pocos espacios de diversión sana donde recrearse y, por el contrario, se les ofrece la droga, los juegos ilícitos, el sexo fácil a edad temprana, la pornografía, la prostitución; cosas que tristemente cautivan a muchos y los llevan a la destrucción de sus vidas.
Crece el número de jóvenes desempleados, alcanzando el 28.7% de los que están en las edades de los 15 a los 24 años.
A esto se añade que el 19.7% de jóvenes entre 15 y 24 años de edad no estudian ni trabajan, pasando a ser el grupo de los Ni-Ni.
Es alarmante que adolescentes y jóvenes se vean cada vez más envueltos en actos de violencia, atracos, asaltos, homicidios y todo tipo de delincuencia, impulsados por el consumo y tráfico de droga y el ideal de un enriquecimiento fácil, teniendo como paradigma a políticos corruptos y narcotraficantes.

Hagamos una opción por los adolescentes y jóvenes

Después de haber visto la realidad de nuestros adolescentes y jóvenes, invitamos a las familias, la sociedad, las autoridades y a toda la Iglesia, a que hagamos una opción preferencial por nuestros adolescentes y jóvenes. 

A las familias: Exhortamos a no sobreproteger, y a ayudar en la orientación de los adolescentes y jóvenes, dándoles ejemplo de buen comportamiento y enseñándoles sana doctrina y principios éticos y morales.

A la Sociedad, y sus autoridades: Exhortamos a nuestros funcionarios y políticos a que actúen con honestidad, pulcritud administrativa y transparencia, con principios éticos y morales, apegados a la Ley y a la Constitución de la República, de modo que puedan ser modelos referenciales a nuestros adolescentes y jóvenes.

Sugerimos al Estado: Prestar todo tipo de atención a los adolescentes y jóvenes, fortaleciendo el sistema educativo, creando escuelas vocacionales de carreras técnicas y de oficios. Promovamos una educación que valore y cuide la naturaleza, donde ellos aprendan a proteger el ambiente en el que vivimos.

Pedimos que los espectáculos públicos y los contenidos de la Internet sean supervisados y se apliquen los controles requeridos a todo lo que atente contra las buenas costumbres, los valores de la familia y nuestras leyes; además, que las emisoras de radio o televisión transmitan programas con finalidad educativa, artística, cultural y de prevención de la violencia.
Luchemos por políticas y programas de prevención contra el uso ilícito de sustancias alcohólicas, estupefacientes y sicotrópicas.
Invitamos a los maestros a ser otros padres, educando a los alumnos como si fueran sus propios hijos. Acójanlos con amor de padres, porque el amor cura todas las heridas; ofrezcan una educación con creatividad e iniciativas.

A los miembros de la Iglesia: Es hora de que ofrezcamos "modelos" que reflejen en sus vidas el estilo de Jesús, tal como lo vemos en el Evangelio. Nosotros debemos ser accesibles como Cristo, demostrar apertura, benevolencia y disponibilidad frente a sus problemas, superar las resistencias para instaurar y crear aquel contacto, que puede definirse como diálogo de salvación.

Frente a los adolescentes y jóvenes nos corresponde saber escuchar y saber responder, madurez interior, coherencia entre vida y enseñanza, oración, unión con Cristo y docilidad al Espíritu Santo, instrucción adecuada y responsabilidad frente a la verdad, credibilidad y autoridad moral.
Comprometámonos con la dinamización de la Pastoral Juvenil, estructurándola con nuevo ardor, nuevo entusiasmo y nuevas expresiones a nivel nacional, diocesano, zonal, parroquial y comunitario, creando espacios de crecimiento personal, de relaciones de amistad, alegría y liderazgo; en conversión continua, con sentido de pertenencia a la Iglesia y en servicio a la comunidad.

Conclusión: Queremos reconocer en nombre de toda la Iglesia a tanta gente buena, que en grupos, organizaciones comunitarias y sociales dentro y fuera de la Iglesia trabajan con los adolescentes y jóvenes.
Exhortamos a los adolescentes y jóvenes a que asuman el protagonismo de su propia vida y vocación, ya que tienen dentro de sí la capacidad de abrir sus mentes y corazones para enfrentar la vida y realizar así de manera honrosa sus ideales y sueños, aportando a la sociedad nuevas propuestas de convivencia y sanas relaciones humanas.

Invitamos a los jóvenes a encarnar los valores del Evangelio y a seguir las huellas de nuestros patricios, cumpliendo con los deberes ciudadanos, respetando las leyes, honrando a la Patria con sus símbolos, héroes y heroínas, y contribuyendo a la preservación del medio ambiente. Sean valientes. Atrévanse a proyectar un mundo mejor.

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