El crecimiento de nuestras ciudades y campos trae un peligro invisible: el uso masivo de sustancias que pueden ser letales. Para evitar que el país se convierta en el vertedero tóxico de otros o que nuestros ríos se llenen de mercurio, el Estado se apoya en 4 tratados globales clave (Basilea, Rotterdam, Estocolmo y Minamata).
Desde los campos agrícolas de Azua y San Juan, hasta las zonas mineras de Cotuí y las industrias de Haina, la seguridad química nos toca a todos.