Quirinito, un muerto de parranda

Quirinito. Foto: diariolibre.com Quirinito. Foto: diariolibre.com

El escape de Quirinito fue una estrategia bien planificada que pudo conllevar meses, o quizás años para lograr evadir a la justicia dominicana, sin intervención alguna hasta lograr sus objetivos, tomando como sinergia lo infuncional que le resulta al sistema judicial la toma de decisiones cuando se trata de personas acusadas de cometer delitos de mayor cuantía, como el narcotráfico y la corrupción administrativa.

Cuando la justicia se maneja a su libre albedrio y se quita la venda para tomar decisiones, es porque hay intereses que están por encima de cualquier tipo de acción condenatoria contra la persona que ha cometido el delito. Es un acontecimiento de mal gusto para la sociedad dominicana que santifica la fiesta y enaltece con resonancia la moral, cuando se trata de manejar las leyes acordes con los hechos que riñen en su contra.

Como el caso Quirinito, estoy seguro que hay muchos otros registrados en los archivos de la PGR (Procuraduría General de la República), que actualmente se encuentran en el ocaso de lo inolvidable, porque para este sistema didáctico, pertinaz, aborrecible y pendiente de lo inadmisible, cuando se trata de dinero, no es posible tomar decisiones que favorezcan a la mayoría sin caer en el vendaval de la podredumbre.

Quirinito es un muerto que se escapó del campo santo y ahora está de parranda con el ausentismo de la justicia, como aquel individuo que sueña despierto y cuando se para de la cama no sabe contar el sueño para adivinar el premio mayor. Lo insólito de lo insoluble es que si algunos comunicadores y periodistas no denuncian ante los medios que el narcotraficante no se había muerto, pues la PGR sigue durmiendo el sueño eterno cimentado en el silencio para confundir a los ignorantes.

Este plan macabro fue orquestado por un arsenal de personas con vastos conocimientos para confundir a la justicia dominicana en el que también hay vínculos de alto poder dirigidos a silenciar el descubrimiento de su escapatoria, al extremo de que, la Procuraduría no se ha interesado en aclarar las consecuencias que motivaron el desenlace evasivo del narcotraficante en su interés sapiencial de evadir su condena de 30 años.

Hay preguntas sin respuestas que la PGR y el propio gobierno deben responder a los fines de que la sociedad dominicana pueda cifrar la veracidad de los hechos acontecidos y que no queden en el recuento del olvido.

¿Por qué un una persona acusada de asesinar a un español es condenado a 30 años de prisión domiciliaria, tras confundir la justicia haciéndole creer que está enfermo de cáncer, cuando en nuestro país hay presos condenados a 5, 10 y hasta 15 años de cárcel por haberle robado un racimo de plátano a un terrateniente para quitarse el hambre?

¿A qué se debe que todavía la Procuraduría General de la República no ha dictado orden de conducencia en contra del forense Orlando Herrera Robles, quien orquestó el plan macabro para hacerle creer a la justicia que Pedro Alejandro Castillo Paniagua (Quirinito) había muerto?

La justicia dominicana está siendo cuestionada al extremo producto del mal manejo de las leyes y la complicidad con los políticos y delincuentes que hacen del dinero mal remunerado su modus vivendis, cayendo en lo ridículo y afectando a humildes ciudadanos que claman con voz en desierto por una mejor administración judicial.

El autor es Periodista. Reside en Estados Unidos

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