Reflexión sobre el caso de la 31 Bienal Nacional de Artes Visuales y la escultura palmera premiada
- Escrito por Juan José Mesa
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- Publicado en Opinión
Datos Útiles: La Palmita , obra de David Pérez-Karmadavis. Fotografía recuperada de reporteextra.com.
En el marco de una Bienal, el respeto a las bases establecidas es garantía de transparencia y credibilidad institucional. El párrafo que excluye materiales perecederos o que comprometan la infraestructura museográfica no es un detalle menor, sino una norma de preservación tanto del espacio como del patrimonio artístico.
La inclusión y premiación de una obra representada por una palmera natural, aunque de gran valor simbólico y poético, abre un debate que debemos asumir con serenidad. No corresponde trasladar la carga al artista, quien presentó su propuesta con transparencia y creatividad. La responsabilidad recae, de manera institucional, en quienes admitieron y avalaron la pieza a contravención del reglamento.
Más allá del resultado puntual, lo que se impone es reflexionar sobre los protocolos de admisión y evaluación, a fin de garantizar que el entusiasmo por la innovación no nos haga perder de vista la coherencia normativa. El país, el museo y la comunidad artística merecen instituciones sólidas y confiables, donde las reglas sean claras, parejas y aplicadas con la misma rigurosidad a todos los participantes.
El legado que debemos proteger es doble: el de nuestras infraestructuras museográficas y el de la confianza pública en las instituciones culturales. Esa es la mayor obra que podemos preservar en nombre de la cultura dominicana.





