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Punto y Coma: Debilidad en la frontera

Punto y Coma: Debilidad en la frontera

Las grandes inversiones hechas por el Gobierno en armas, muro, mercado, soldados, vigilancia con drones y otras medidas, no han surtido los efectos esperados en el control de la entrada y salida de indocumentados, debido a una debilidad muy difícil de corregir sin sanciones que sienten precedentes. Se trata del negocio, la corrupción y la lujuria de quienes deben aplicar los correctivos y empresarios que solo piensan en llenar sus bolsillos.

El trasiego no para, cada mes se anuncia la captura y repatriaciones de miles de indocumentados, pero las calles, los barrios, están llenas y en conucos y fincas la obra de mano no es dominicana, con grandes excepciones.

La gente comenta y con razón sobrada, sobre el destino real de esos indocumentados que cada mes son repatriados, porque al parecer no se quedan en Haití y transitan por esas calles de Dios como dueños del territorio, ante la mirada indiferente de quienes deben regular ese desorden que se registra en el país.

¿Si todos los países tienen el sagrado derecho de permitir o no la entrada de inmigrantes indocumentados o en forma legal, por qué los dominicanos somos tan temeroso y prestamos atención a organismos y entidades internacionales que no hacen ni dejan hacer? ¿Vamos a permitir que se cumpla el plan de ocupar esta parte del territorio?

Sin embargo, como al parecer hay voluntad en una parte del conglomerado  con cierto respaldo oficial, hay que llamar a seguir invirtiendo, ponerle techo y cara a la frontera, para que en el porvenir no se materialice el plan macabro de los enemigos de la patria y de la dominicanidad.

Trujillo lo hizo en 1935 y ahora, con mayores recursos, con un desarrollo marcado, el país puede fortalecer la frontera y protegerla de tal manera, que las amenazas actuales cambien de color y los dominicanos podamos volver a respirar aire libre y disfrutar el sabor de la libertad plena.

Hoy, cada criollo con algo de recursos, cada ciudadano que ame su patria, debe pensar un poco en el valor de la familia, en el significado de la paz y en la grandeza de ser dominicanos, libres soberanos, sin temor ni pavor; con centinelas reales que nos protejan y velen con entrega por los intereses de la nación.

 

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Las grandes inversiones hechas por el Gobierno en armas, muro, mercado, soldados, vigilancia con drones y otras medidas, no han surtido los efectos esperados en el control de la entrada y salida de indocumentados, debido a una debilidad muy difícil de corregir sin sanciones que sienten precedentes. Se trata del negocio, la corrupción y la lujuria de quienes deben aplicar los correctivos y empresarios que solo piensan en llenar sus bolsillos.

El trasiego no para, cada mes se anuncia la captura y repatriaciones de miles de indocumentados, pero las calles, los barrios, están llenas y en conucos y fincas la obra de mano no es dominicana, con grandes excepciones.

La gente comenta y con razón sobrada, sobre el destino real de esos indocumentados que cada mes son repatriados, porque al parecer no se quedan en Haití y transitan por esas calles de Dios como dueños del territorio, ante la mirada indiferente de quienes deben regular ese desorden que se registra en el país.

¿Si todos los países tienen el sagrado derecho de permitir o no la entrada de inmigrantes indocumentados o en forma legal, por qué los dominicanos somos tan temeroso y prestamos atención a organismos y entidades internacionales que no hacen ni dejan hacer? ¿Vamos a permitir que se cumpla el plan de ocupar esta parte del territorio?

Sin embargo, como al parecer hay voluntad en una parte del conglomerado  con cierto respaldo oficial, hay que llamar a seguir invirtiendo, ponerle techo y cara a la frontera, para que en el porvenir no se materialice el plan macabro de los enemigos de la patria y de la dominicanidad.

Trujillo lo hizo en 1935 y ahora, con mayores recursos, con un desarrollo marcado, el país puede fortalecer la frontera y protegerla de tal manera, que las amenazas actuales cambien de color y los dominicanos podamos volver a respirar aire libre y disfrutar el sabor de la libertad plena.

Hoy, cada criollo con algo de recursos, cada ciudadano que ame su patria, debe pensar un poco en el valor de la familia, en el significado de la paz y en la grandeza de ser dominicanos, libres soberanos, sin temor ni pavor; con centinelas reales que nos protejan y velen con entrega por los intereses de la nación.

 

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