Entre el dato y el relato
- Escrito por Patricia Arache
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- Publicado en Opinión
En República Dominicana se repite con frecuencia la máxima de que “el dato mata al relato”. Sin embargo, la práctica cotidiana demuestra lo contrario: los datos, lejos de ser armas de precisión, se manipulan, se maquillan o se presentan “a lo que coja mi bon”, sin rigor ni contexto.
El resultado es una ciudadanía confundida, instituciones debilitadas y decisiones públicas que carecen de certeza, lo que propicia políticas erráticas y tardías, en perjuicio del desarrollo social y democrático de la nación.
La manipulación de los datos no es un fenómeno abstracto ni nuevo. Se manifiesta en distintos ámbitos, entre ellos, la política, la economía y la vida social cotidiana, por lo que analizar el tema permite comprender cómo el relato termina imponiéndose sobre el dato y por qué es oportuno proponer un pacto nacional por la verdad.
En el terreno político, los datos se convierten en herramientas de persuasión y de tergiversación. Las encuestas electorales suelen presentarse con sesgos que favorecen a determinados candidatos, dependiendo de determinadas voluntades.
Se exageran ventajas mínimas o se ocultan márgenes de error, generando un “efecto arrastre” que condiciona al votante, ya sea a favor de los partidos de gobierno o de los de la oposición, porque no hay excepción. Todos bailan al mismo son.
La irrupción de la inteligencia artificial añade, como un nuevo desafío, tecnologías como los “deepfakes” (de los que hemos hablado antes) que pueden manipular la opinión pública con imágenes y videos falsos, reforzando relatos que nada tienen que ver con la realidad.
En el ámbito económico, la manipulación de datos se traduce en discursos oficiales que celebran el crecimiento del PIB mientras se ocultan desigualdades estructurales que permanecen impertérritas, como una Espada de Damocles sobre los más vulnerables, mientras que la oposición se regodea en criticarlos, como si nunca hubiera tenido que ver con el tema en algún momento.
En la vida cotidiana, la manipulación de datos se manifiesta en la viralización de cifras falsas en redes sociales. Noticias sobre seguridad o inseguridad circulan sin verificación, generando alarmas injustificadas o confianza infundada.
Esto hace pensar que el relato digital, rápido y emocional, obligatoriamente, mata al dato riguroso.
La muerte del joven Darlin Mercado Reyes, de 19 años, a manos del cabo José Francisco Moreta Hernández en Guajimía, Herrera, por ejemplo, expone crudamente la crisis de confianza en la Policía Nacional.
El hecho, grabado en video, desató protestas comunitarias y hasta la condena presidencial.
La comunidad y la familia exige justicia y cuestiona cómo un agente con antecedentes disciplinarios seguía en servicio.
Datos divulgados, revelan que entre 2011 y 2025 se registraron unas 4,500 muertes en supuestos “intercambios de disparos” con la Policía.
La publicación da cuenta que desde 2020, más de 700 jóvenes han caído en acciones atribuidas a la institución, la mayoría entre 18 y 35 años y que menos de 100 agentes han sido sometidos a la justicia, pese a la magnitud de las muertes.
El país enfrenta un dilema en estos tiempos de abundancia de datos sin rigor, que cada quien maneja a su antojo, acomodándolo a sus necesidades de visibilidad bien ganada o arrebatada.
El caso de Darlin Mercado Reyes, así como otros hechos sangrientos, como los feminicidios, hacen reflexionar que detrás de cada cifra hay vidas truncadas y familias destrozadas y, es, entonces, cuando se concluye en que el relato seguirá venciendo, mientras, no haya transparencia y credibilidad en los datos.
Revela, también que hace falta que la gente común, la gente en la calle, retorne a la sensibilidad y a la solidaridad, en vez de conformarse con sólo grabar imágenes dolorosas o sangrientas, a través del visor de un celular. ¿Por qué no pensar en ayudar?





