¿Por donde arrancamos durante esta pandemia?

El mismo día en que universidades del Estado de Georgia piden a sus profesores prepararse para enseñar no-presencialmente por el resto del 2020, los salones y centros de masajes de Georgia avisan que permanecerán cerrados por la seguridad de sus clientes. Lo hacen un día después del anuncio del Gobernador Kemp de que a partir de mañana la gente podrá salir a arreglarse las uñas, teñirse las canas, degreñarse, hacerse un tatuaje, darse un masaje y jugar “bolicher”; ¡no tennis!, donde los contrincantes guardan el distanciamiento social, sino un juego donde metemos los dedos sin guantes por los mismos hoyitos.
La realidad es que vamos a salir a la calle, sea con burka o niqabs como musulmanes, sea saludándonos como chinos, o sea caminando como gitanos para no meternos 112 personas en una guagua de la OMSA o hacer filas para apechurarnos en un vagón del Metro. Kemp probablemente será el último en darse un masaje, Trump no se pondrá mascarilla y Leonel no se montará en el tren de su nueva yol chiquito. Ahora que un abrazo vernáculo de campaña se convierte en un Zoom meeting, ¿por donde arrancamos para volver a la normalidad y dinamizar la economía? Porqué no arrancar convirtiendo el miedo en oportunidad evitando la tentación de que sea un gobierno -el que sea- que nos devuelva la normalidad. Porque las cosas no volverán al normal que conocimos. ¡Puede ser tan mejor! Los arquitectos tienen la oportunidad de rediseñar los espacios para poder aprender-trabajar-convivir, decidir en cual pared pudiéramos producir nuestras especias, visualizar cómo sería la rutina de desinfectar ropa y comida cada vez que regresemos a la casa. Donde pondremos la arrocera porque la doña puede ser que no pueda venir a hacernos el concón; sobre todo si tiene que transportarse de lejos. ¡Ah el transporte! Sin vacuna ni medicamento efectivo, el transporte masivo es un cuello de botella si quisiéramos volver a lo normal. Pero, ¿extrañas la tocadera de bocina o el carro público que se te mete a lo malo? ¿Quisieras volver a estar sentado par de horas al día quemando combustible? Por qué no aprovechamos y eliminamos los viajes para renovar anualmente las actas de nacimiento. Por qué no descentralizamos la docencia y el servicio de atención médica por comunidades; aprovechemos para jamás volver al corre-corre diario. Y dejémosle el asfalto a las ambulancias. Por qué no ampliamos las aceras para que podamos caminar y construimos una red de elevados para las bicicletas. Y hablando de construcción, ¿por qué no arrancar? De todas formas, se supone que los obreros tengan su casco, guantes y máscaras. Entiendo que los vecinos preferirán que una constructora termine el edificio o la casita de al lado, a tener una zapata cuna de mosquitos portadores de dengue o una guarida de malechores. ¿Seguiremos en el mismo can de echar la basura orgánica en una fundita plástica? Aprovechemos también para reacondicionar vías de comunicación. Estoy seguro que buscarán la forma de alimentar y transportar a sus empleados sin arriesgar a la comunidad. Estoy seguro que buscarán la forma de conservar la naturaleza de manera creativa. Y si no lo hacen, que sean llevados a la “justicia”. ¡Uhm! La justicia. ¿Seguirá siendo “justo” que un ser humano muera en un espacio confinado producto de no poder pagar a un abogado que evite una injusticia? Será entretenido ver a esos abogados que retrasan juicios con diatribas ir una vez tras otra a los palacios de justicias, secreteando de cerca. Ya veremos que vale más, la oratoria frente a un juez o la razón escrita en un papel. Sería masoquista darle larga a una sentencia teniendo que aguantarse horas con mascarillas puestas para evitar respirar el virus que recircularán los aires acondicionados. O pensemos, ¿necesitamos todas estas leyes que poquísimos leen y que están supuestas a regir cómo vivimos? ¿En serio? Es durante esta pandemia que debemos arrancar. Es probable no estemos vivos para ver cuando termine. Y es más probable que nos sintamos más vivos que nunca si convertimos el miedo y la ansiedad en oportunidad de transformar para vivir. El problema de cuales serán los nuevos indicadores de desempeño económico es solo eso, un problema para los economistas.

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