La crisis de hoy en los estilos de ocio de los dominicanos | 3 de 6
- Escrito por Luis Alberto Rodríguez Santos
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- Publicado en Opinión
“Cosas que aprender y no quedarnos enredados en la crisis”.
En la actualidad se observa un proceso global de cambio, caracterizado por una creciente interconexión y una sobreabundancia de información, llamada por otros estudiosos como infoxicación. Ante este contexto, en mi anterior artículo planteé la necesidad de aprender a "no hacer nada, pero con propósito y procurando un beneficio", una frase que expresé al inicio de la conferencia que ofrecí a profesores de la Universidad APEC en julio de 2025, en la que presenté informaciones relacionadas con la Filosofía del Ocio, Economía Naranja, Cultura Digital y Narrativas Transmedia.
Ahora, continúo el análisis sobre el tema de "no hacer nada, pero con propósito". Y es que es difícil estar sin hacer algo, por no decir imposible, pues según los científicos que estudian la neurogénesis afirman, que el cerebro nunca está detenido. Eso, solo ocurre cuando el cuerpo muere, otros hablan de transferencias de la conciencia a otro lugar. Sugiriendo así, su relevancia para elaborar nuevos enfoques hacia un conocimiento trasracional, ámbito de investigación para integrar otras disciplinas.
Pero aquí, solo enfocaré por el momento aquellos cambios que se generan en el marco de la economía naranja y los ajustes sociopolíticos globales actuales.
Los estudios y observaciones del uso del tiempo libre se remontan al inicio de la humanidad. Desde el periodo que usted se imagine en el pasado, hasta la fecha se ha escrito bastante. Así pues, solo me limitaré a mencionar el pensamiento filosófico clásico, representado por Aristóteles, hasta pensadores modernos como Joffre Dumazedier, Josèf Pieper y Mihaly Csikszentmihalyi,quienes representan más de dos mil años de estudios, sobre los que sesustentan: “…que el ocio ha sido valorado como un tiempo esencial para el desarrollo integral del ser humano. Dumazedier, nos ha ofrecido su teoría de las tres "D”, las cuales estructuran la experiencia humana en el ocio: diversión, desarrollo y descanso.
Pieper, nos refiere a la fiesta y la recreación como actos sanadores de la cotidianidad. Y el Psicólogo Mihaly afirma que, através de estas actividades culturales, las personas pueden alcanzar un “estado de fluir” donde se reduce la ansiedad y se activa la creatividad. Esa es una de las razones por la que los gobernantes deben invertir más y mejor en la cultura. A fin de que los conflictos y crisis sean manejables para el bien vivir de las personas y la comunidad. Por eso, el ocio es una actividad transversal a todo el conocimiento. Pero, a la clase que domina el curso del mundo ¿Realmente les interesa que las personas conozcan como manejar sus momentos de ocio?, por lo menos organismos nacionales e internacionales plantean políticas públicas, ya sea para controlar, o para contribuir con el desarrollo de la comunidad.
Veamos lo que se plantea desde la Economía Naranja, aquella que se basa en la creatividad, la cultura y la innovación, encuentra en el ocio un motor poderoso de transformación. En la República Dominicana, datos del Ministerio de Cultura y el BID (2018-2024) revelan un aumento del consumo cultural. Así como, unos niveles de impacto positivo en la salud mental, un ligero aumento de empleo en las áreas relacionadas con el turismo y una creciente cohesión social.
Y es en este nuevo ecosistema cultural, donde vamos del ocio al negocio y viceversa, en cuya relación la inteligencia artificial es vista con recelo, pero es todo lo contrario, esta nueva forma de administrar la información (IA) debe convertirse en una aliada. Si se utiliza con responsabilidad y ética, puede amplificar las narrativas culturales, democratizar el acceso a contenidos y fortalecer los lazos entre creadores y comunidades. En este momento, no presentaré datos, eso lo dejaré para un próximo artículo. Sin embargo, lo insto a que le pongan atención a lo que el gobierno dominicano ha publicado en el 2024. Pues, resulta inquietante que el consumo cultural solo haya aumentado un 1% en 10 años.
Pero, medir o no, ese no es el problema, se debe profundizar en encontrar ese sentido del consumo cultural que nos hace filosofar para lograr cambios, primero en nosotros y luego en los demás. Eso se comienza a gestar en el silencio del descanso, cuando pensamos en cómo hacer que la palabra se convierta en verbo, en diversión bullanguera, en desarrollo personal y comunitario hasta que las prácticas culturales llenen nuestras necesidades, esas que podemos satisfacer en las dimensiones del Ocio Valioso con el fin de obtener bienestar y felicidad. ¡Que viva el no hacer nada, con propósito...!





