Una gestión con propósito: clave del cambio real
- Escrito por Milton Olivo
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- Publicado en Opinión
Milton Olivo.
Para transformar verdaderamente a la República Dominicana, no basta con cambiar gobiernos, estrategias o leyes. El cambio que soñamos —más justo, más ético, más funcional— solo será posible si cultivamos un nuevo tipo de ciudadano.
Un ciudadano consciente, colaborador, empático, comprometido con el bien común y capaz de romper con viejas prácticas que han entorpecido nuestro desarrollo como sociedad.
Estas palabras y principios fueron la piedra angular de una enriquecedora conferencia —de la que fui testigo— impartida por el Pastor y alcalde Dio Astacio, a directores y encargados departamentales de la Alcaldía de Santo Domingo Este, Costa del Faro.
Sus palabras fueron mucho más que un discurso motivacional: fueron una radiografía propositiva de las actitudes que —como dominicanos— necesitamos desarraigar y una guía concreta hacia una nueva cultura organizacional, administrativa y ciudadana para construir un nuevo perfil de servidor público, como herramienta vital para construir un nuevo país.
Esta conferencia, fue una especie de mapa sónico y emocional, de cómo pasar, “De la isla al archipiélago colaborativo”. Uno de los puntos más certeros abordados por Astacio fue la necesidad de superar las "islas de poder" dentro de las instituciones públicas.
Esta metáfora alude a aquella cultura de instituciones, direcciones o departamentos que funcionan de manera aislada, defendiendo parcelas de control más que colaborando para alcanzar los objetivos comunes para servir a la sociedad y al ciudadanos con más eficiencia y prontitud, para que este sea mas feliz.
El resultado de esa política de islas de poder: ineficiencia, duplicidad, desconfianza y, lo más grave, un servicio público que se degrada y perjudica al ciudadano, a la institución y al propio incumbente, que al final, es medido por la sociedad, más que por sus intenciones, por sus resultados, el cual es determinado por la actitud de sus colaboradores.
Reafirmó Astacio, que lo que se necesita es “sinergia”: que es una interconexión proactiva entre departamentos y colaboradores, donde el todo sea más que la suma de sus partes. Un espacio en el que las ideas, los recursos y las buenas prácticas fluyan sin barreras, con un propósito superior compartido. De servir al público.
Con la fortaleza de una pirámide fue enfático en afirmar que la “Comunicación y el lenguaje construyen”. En su ponencia, Astacio destacó la “comunicación asertiva” y el “lenguaje no verbal” como herramientas esenciales para este nuevo modelo de ciudadanía e institucionalidad, a la hora de interactuar entre los colaboradores o con el público que acude a solicitar servicios.
No se trata solo de lo que decimos, sino de cómo lo decimos, cómo lo acompañamos con gestos, tonos, posturas. Cada interacción, desde un correo hasta una conversación en los pasillos, es una oportunidad para construir o destruir confianza, afirmó.
Es urgente entrenar a nuestros servidores públicos en habilidades comunicativas que fomenten la colaboración, reduzcan los conflictos innecesarios y promuevan un clima de respeto y eficacia.
Como forma de comunicar la importancia de la dignidad, propósito y vocación de servicio. Astacio incorporó la cita bíblica —"El obrero es digno de su salario" (Lucas 10:7)— la cual no fue usada como simple recurso retórico, sino como afirmación ética: todo servidor publico merece respeto, condiciones dignas y retribución justa.
Pero ese reconocimiento no debe ser solo material, sino también “moral y emocional”. Porque las personas que se sienten valoradas trabajan mejor, sirven con más entrega y se convierten en multiplicadores del cambio.
Además, el alcalde enfatizó la “importancia de vivir con propósito”, de entender que más allá de un puesto, un sueldo o un título, estamos llamados a dejar una huella positiva en nuestra comunidad. Este enfoque trascendente del servicio público es el antídoto contra el cinismo, la corrupción y la mediocridad.
Es evidente que sus palabras encarnan un enfoque diferente para una realidad diferente. Porque querer una República Dominicana distinta exige adoptar un “enfoque diferente” sobre cómo vivimos, cómo trabajamos, cómo nos relacionamos. No se trata solo de estructuras o normas, sino de mentalidades, de principios, de cultura.
La gestión pública –reiteró- no puede seguir siendo un espacio de competencia interna, de agendas particulares, se trata de eficiencia, de colaboración, de cooperación, de servicio, en fin de amor, senderos a recorrer para producir alegría, felicidad, y seguridad a la sociedad, a través de generarlo en los ciudadanos que acuden a solicitar un servicio público o afrontar las demandas de las comunidades.
Cosmovisión existencial y de servicio administrativo encarnado en el Alcalde Dio Astacio, que hace comprender la clave de los extraordinarios resultados obtenidos hasta el presente por su administración en Santo Domingo Este, que ha transformado el municipio más grande de Centroamérica y el Caribe, en un municipio modelo, que brilla.
Cosmovisión, que de ser asumida en toda su trascendencia y profundidad, por todo el equipo de trabajo, sin duda, convertirá a Santo Domingo Este, la Costa del Faro, en el Faro de luz de referencia, que el país necesita, para hacer realidad la República Dominicana del cambio, que a futuro todos aspiramos.





