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Condolio como memoria dulce en el Sur profundo

Vilma Yolanda Batista Vilma Yolanda Batista

Hay palabras que viven intactas en la memoria de los pueblos.

 

Una de ellas es condolio.

En gran parte de la República Dominicana hablamos de habichuelas con dulce, ese plato que anuncia la llegada de la Cuaresma y que convierte la Semana Santa en un espacio de encuentro familiar.

En el Sur el nombre cambia y adquiere una nueva dimensión.

En la Región Enriquillo no se come solo habichuelas con dulce, se comparte condolio.

Más común en provincias como Barahona, Bahoruco, Independencia o Pedernales, esta tradición adquiere matices propios.

Un dato curioso es que no siempre se prepara con habichuelas rojas.

En muchos hogares también utilizan habas blancas, dando lugar a una versión que se ve y sabe distinto.

Condolio no es un simple regionalismo. Es una forma de pertenecer.

El origen del término es intenso y revelador.

Algunos estudiosos lo vinculan con raíces lingüísticas antiguas, otras con influencias propias de la zona fronteriza.

Pero hay una interpretación que me resuena con especial fuerza y es la que le vincula con la palabra condolencia.

En este ámbito el condolio deja de ser un delicioso postre para convertirse en un acto simbólico de la expresión colectiva de recogimiento, de memoria y de fe.

No es casual que su consumo esté íntimamente ligado a la Semana Santa y que se comparta como acto de comunidad.

En el Sur, preparar condolio es un magno evento.

Se cocina en grandes cantidades, se reparte entre vecinos, se envía en envases seleccionados, que luego retornan llenos; y se convierte en excusa para visitar y reencontrarse.

Hay protocolo e intención ya que cada familia tiene su receta y el mismo objetivo de compartir.

En esta hermosa práctica hay una lección poderosa para estos tiempos donde muchas veces olvidamos que la comunidad no se construye con discursos, se construye con gestos cotidianos.

Condolio es una tradición que no necesita explicación y, como sureña desde mi experiencia en comunicación, siempre he creído que las marcas más poderosas son las que más conectan.

El condolio no se promociona, se espera, se anhela, se siente, se saborea.

Lo que el Sur nos enseña en un país tan rico y diverso como el nuestro es que en la diferencia por origen de una misma tradición puede tener múltiples formas de vivirse, nombrarse y transmitirse con una riqueza cultural que define a nuestros municipios.

Defender nuestras raíces, palabras, costumbres y estas formas de hacer las cosas, es también vivir la dominicanidad.

Quizás por eso el condolio permanece como un sello único porque no depende de tendencias.

Este manjar nos invita en cada en cucharada a ser parte de la historia y la identidad del Sur que se comparte desde el corazón.

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