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¿Oro o alimentos? La hipocresía política que amenaza la supervivencia dominicana

Domingo Abreu, espeleólogo dominicano. Domingo Abreu, espeleólogo dominicano.

El Día del Trabajo —y del Trabajador— nos encuentra sumidos en una lucha encarnizada contra la minería, a favor del medio ambiente y en favor de propuestas para incrementar la productividad alimentaria. Esto ocurre, precisamente, a las puertas de una Tercera Guerra Mundial que demandará más alimentos que armas en todo el planeta; de hecho, ya los está demandando.

Paradójicamente, en la República Dominicana, en lugar de fomentar la producción de alimentos previendo esa demanda, el poder extranjero propone y ejerce su fuerza para reducir los espacios productivos y sacrificarlos ante los intereses mineros. Nuestra población comprende esta situación solo a medias e, incluso, algunos dirigentes políticos y sociales han contribuido, involuntariamente, a esa falta de entendimiento.

Por ejemplo, durante la lucha contra la minería en Cotuí, algunos dirigentes políticos alegaban la "necesidad de respaldar a los obreros mineros", priorizando esa "lucha obrera" y desplazando la defensa ambiental a un segundo plano, u obviándola totalmente. Es decir, respaldaban la minería de oro en Cotuí porque esta empleaba a obreros a los que "había que apoyar y organizar". Por otro lado, algunos activistas sociales declaraban que era posible un entendimiento con Barrick Gold para que esta "tomara en cuenta la salud ambiental de la región". Mientras tanto, la minería en Cotuí envenenaba la tierra, el agua y el aire. Los resultados son ahora más que evidentes, pero esos dirigentes sociales y políticos no asumen la responsabilidad que les corresponde por tales daños.

Por otra parte, el entonces presidente Leonel Fernández negociaba con Barrick Gold y Goldcorp el contrato más perverso del que se tenga conocimiento en la historia económica de la República y, probablemente, de todo el Caribe. Fernández llegó incluso a presionar al Congreso Nacional para que los legisladores firmaran dicho contrato sin haberlo leído. Los pésimos resultados son hoy igual de evidentes y, al igual que los demás dirigentes sociales y políticos, Leonel Fernández tampoco responderá por ellos.

La lucha contra la minería en San Juan de la Maguana vuelve a reunirlos.

Esta vez, Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo se expresan en contra de la minería y a favor de la ecología, como suele decir el ciudadano común. Fernández, su partido, el PLD y los demás partidos de oposición —junto a aquellos mismos dirigentes sociales y políticos— se montan en la ola antiminera y proambientalista sanjuanera para embestir al gobierno que encabeza Luis Abinader. De hecho, su "lucha" es contra la gestión del PRM. Mientras tanto, en El Pommier de San Cristóbal, la minera Docalsa, Francisco Aponte y Alfredo Delfino entran con fuerza destructiva a la zona núcleo de la Reserva Antropológica Cuevas del Pommier, aprovechando el ensordecedor ruido mediático de la lucha en San Juan para alegar un supuesto "proyecto de remediación" que destruye más de lo que remedia, mientras extraen más caliza para mantener su producción.

Según hemos sabido, Leonel Fernández le solicitó al presidente Abinader permitir a DOCALSA y a su propietario italiano, Alfredo Delfino, permanecer en el área hasta tanto este último y el dominicano Francisco Aponte cumplan con ciertos compromisos de venta de cal en el extranjero. Sin embargo, es sabido que Delfino y DOCALSA simplemente apuestan a que, tras las elecciones generales, gane Leonel Fernández para que este continúe alimentando el vínculo Alburquerque-Aponte-Delfino-DOCALSA. Me explico.

Además de que Francisco Aponte es presidente de la organización “En Camino con Leonel”, está casado con la hija de Rafelito Alburquerque, quien fue vicepresidente durante dos periodos consecutivos (2004-2012) acompañando a Leonel Fernández.

Actualmente, Rafelito Alburquerque es un miembro prominente de la Fuerza del Pueblo y, naturalmente, representa una "garantía" para DOCALSA de que, si Fernández gana, la empresa permanecerá en El Pommier, ya sea considerada esta como la Capital Prehistórica del Caribe o como la inveterada aldea de "picapiedras" en la que la han mantenido todos los gobiernos, en detrimento de su importancia mundial y su increíble valor para el desarrollo de San Cristóbal.

Ahora bien, lo que no alcanzamos a comprender es cómo un gobierno como el de Luis Abinader puede dejarse manipular de tal manera. Es decir, Leonel Fernández, la Fuerza del Pueblo y el PLD (e imaginamos que también el grupo leonelista de Francisco Aponte) están en las calles "denunciando el crimen de la minería auspiciada por Abinader", mientras, por otro lado, respaldan la destrucción del monumento aborigen —arawaco, nahua, maya e inca— que representan las Cuevas del Pommier.

¿Puede alguien en su sano juicio creer que quien auspició el contrato estatal minero más entreguista, perverso y biocida del Caribe va a rechazar un nuevo contrato minero, esta vez con GoldQuest?

La apuesta de la minería de oro en la República Dominicana es adueñarse del “Cinturón del Oro, la Plata y el Cobre”, como fueron denominadas la Cordillera Central y el Massif du Nord (en Haití) por la Eurasian Minerals Inc. Solo la lucha ambientalista puede impedirlo.

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