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Punto y Coma: La temporada ciclónica

Punto y Coma: La temporada ciclónica

Cada año, entre el primero de junio y el 30 de noviembre, los residentes en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico y las AntillasMenores, agotan un ciclo estresante marcado por el miedo a los daños que suelen causar los fenómenos atmosféricos, ya sean huracanes o tormentas peligrosas.

En el caso particular de República Dominicana, esos seis meses se convierten en tema preocupante para las autoridades nacionales y locales, los organismos de prevención, de rescate y de ayuda, cuyo empeño en socorrer a los afectados, indemnizar por pérdidas en los sectores productivos, llevar alimentos y ayudas a los que resultan damnificados, se convierte en admirable siempre.

Cundo pasa todo se olvida, las reparaciones cesan y las carencias ocupan sus espacio, como el río su cauce, sin que preocupe tanto a los políticos, a los funcionarios de turno, electos designados.

Los otros seis meses del año es poco lo que se hace para resolver los problemas de desagüe, corregir y mejorar el entorno en los sectores vulnerables, como es el caso de grandes cañadas propias de nuestra accidentada orografía.

Los cuidados de Medio Ambiente continúan deficientes, la depredación de las tres grandes cordilleras, Central, Septentrional y meridional siguen a merced de los depredadores, cuyas manos destructoras se desplazan sin contemplación en forma directa o con la contratación de indocumentados que no se apiadan ni de ellos mismos.

Lo que hemos vivido con fenómenos como San Zenón, Flora, Inés, David y Federico, George, Olga y Noé, las inundaciones de noviembre 4, de 2023, por mencionar algunos. Además, de los incendios forestales de Constanza y Valle Nuevo, los daños en Los Haitises, la Sierra de Bahoruco, Rancho Arriba y numerosos parques nacionales creados por ley, para salvar la reserva boscosa, sin que reciban sanción los destructores.

Es tiempo de que las autoridades busquenmecanismos que ayuden a reforestar los grandes parques, sin que haya mano sagrada con derecho a depredar, para que este regalo de Dios retorne a su esplendor, en ríos y arroyos corran de nuevo lasaguas cristalinas por todos los pueblos y ciudades, para que la Naturaleza sonría, entre flores, frutos, norias y la vida.

Hay que edificar cuando la amenaza se detiene y prepararse en tiempo de calma, para cada temporada estar más protegidos. Cerrar la puerta ahora, no cuando el viento la tumbe.

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