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La encuesta ACD analizada por un Black Belt; Más allá de los porcentajes: qué dicen realmente los datos

Imagen: encuesta ACD. Imagen: encuesta ACD.

Las encuestas políticas suelen analizarse desde la emoción o la preferencia partidaria. Sin embargo, un enfoque Lean Six Sigma Black Belt obliga a observar el comportamiento de los datos, identificar patrones, medir la dispersión y comprender las variables que realmente determinan el resultado de una elección.

La encuesta publicada por ACD Media, difundida por Diario Libre, presenta una fotografía del momento, pero también deja señales estratégicas que no son evidentes a simple vista.

Un liderazgo que aún no garantiza victoria

El primer dato muestra al PRM con 29.1 %, seguido por Fuerza del Pueblo con 20.9 %, mientras el PLD alcanza 15.3 %.

Lo verdaderamente llamativo no es quién ocupa el primer lugar, sino que el 31 % del electorado aún no tiene una decisión consolidada, distribuido entre:

• NS/NR: 18.9 %

• No votaría: 11.9 %

• Otros: 0.5 %

En términos estadísticos, existe una enorme varianza electoral, lo que significa que el resultado continúa siendo altamente sensible a pequeños cambios en la campaña.

En procesos Six Sigma esto se conoce como un sistema con alta incertidumbre y bajo nivel de estabilidad, donde cualquier evento político importante puede modificar significativamente la tendencia.

El verdadero dato está dentro de los partidos

Muchos analistas observan únicamente el porcentaje partidario.

Ese análisis resulta incompleto.

La elección presidencial dominicana no depende únicamente del partido, sino también de quién logre convertirse en candidato.

Y aquí aparece un elemento decisivo.

Dentro del PRM compiten figuras con perfiles muy distintos:

• David Collado

• Carolina Mejía

• Guido Gómez Mazara

• Wellington Arnaud

• Raquel Peña

Esto significa que ese 29.1 % no pertenece exclusivamente a una persona, sino que representa una base política que posteriormente deberá unificarse detrás de un solo candidato.

En estadística esto implica una posible redistribución interna del voto.

No todos los simpatizantes de un aspirante necesariamente migrarán automáticamente hacia quien gane la candidatura.

En términos de calidad, el proceso interno del PRM representa una etapa de reducción de variabilidad.

La Fuerza del Pueblo presenta un escenario diferente

En la Fuerza del Pueblo ocurre casi lo contrario.

Existen esencialmente dos grandes figuras:

• Leonel Fernández

• Omar Fernández

La ventaja estadística consiste en que ambos poseen una identidad política claramente asociada al partido y una menor fragmentación interna.

Esto reduce el riesgo de dispersión del voto durante las primarias.

La fidelidad partidaria

El segundo gráfico probablemente sea el dato más importante de toda la encuesta.

Los simpatizantes del PRM votarían por su partido en un 83.5 %.

En Fuerza del Pueblo, la fidelidad alcanza 95.7 %.

La diferencia parece pequeña.

No lo es.

Significa que el votante de Fuerza del Pueblo presenta una cohesión mucho mayor.

Desde la estadística, se trata de un grupo con menor desviación respecto a su comportamiento esperado.

En términos sencillos:

El votante de la Fuerza del Pueblo cambia menos de opinión que el votante promedio del PRM.

El factor "Alofoke": una variable que las estadísticas tradicionales subestiman

Existe otro fenómeno que merece un análisis aparte.

Diversas mediciones recientes muestran el crecimiento del fenómeno comunicacional encabezado por Santiago Matías (Alofoke).

Su influencia suele ser interpretada únicamente desde las redes sociales.

Ese análisis resulta insuficiente.

Una parte importante de su audiencia pertenece a sectores populares con menores niveles de escolaridad formal.

Precisamente por ello, el vínculo emocional es mucho más fuerte.

No se trata solamente de seguidores.

Existe un fenómeno de identificación social.

Muchos lo perciben como alguien que "es como ellos" y que logró ascender sin pertenecer a las élites tradicionales.

La sociología política denomina este fenómeno representación aspiracional horizontal.

En mercadeo político constituye una forma poderosa de construcción de liderazgo.

Por esa razón, la capacidad de movilización de Alofoke probablemente sea superior a la que reflejan las cifras brutas de una encuesta.

No necesariamente porque cambie millones de votos por sí solo, sino porque influye sobre segmentos altamente movilizables y emocionalmente conectados.

En estadística aplicada, esto representa una variable latente: un factor que no se mide directamente, pero que influye en el resultado observado.

El escenario de una segunda vuelta

Si los datos actuales permanecieran relativamente estables, la República Dominicana se aproxima a un escenario donde una segunda vuelta adquiere mayor probabilidad.

Y aquí cambia completamente la lógica electoral.

La primera vuelta premia la preferencia.

La segunda premia la capacidad de construir alianzas.

En ese momento los votos dejan de pertenecer a los partidos y pasan a depender de:

• percepción del liderazgo;

• nivel de rechazo;

• capacidad de negociación;

• transferencia efectiva de votos.

La principal conclusión

La encuesta ACD no indica simplemente quién lidera hoy.

Revela algo mucho más importante.

El sistema político dominicano continúa altamente abierto.

Existe un volumen significativo de electores indecisos o desmovilizados.

El PRM conserva el liderazgo, pero enfrenta el desafío de administrar una competencia interna con varios presidenciables de alto perfil y convertir esa pluralidad en unidad. La Fuerza del Pueblo, por su parte, exhibe una base de simpatizantes más cohesionada y una estructura de liderazgo menos fragmentada, lo que constituye una ventaja organizacional.

En paralelo, actores con gran influencia digital y capacidad de movilización emocional —como el fenómeno Alofoke— introducen variables que los modelos tradicionales no siempre capturan con precisión.

Desde la óptica de Lean Six Sigma, la encuesta debe entenderse como un indicador de capacidad del proceso electoral, no como el resultado final del proceso. Aún existe suficiente variabilidad para que decisiones estratégicas, alianzas, campañas eficaces o eventos inesperados modifiquen la trayectoria hacia 2028.

Como enseñan las experiencias de Brasil, Colombia, Perú y Francia, las elecciones no las gana necesariamente quien lidera la primera fotografía, sino quien mejor administra la variabilidad del proceso hasta el último día.

 

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