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Punto y Coma: El reto de gobernar con el enemigo

Punto y Coma: El reto de gobernar con el enemigo

Cuando un presidente asume como tal y su gestión de gobierno inicia con crisis epidémica, desastres naturales y equipos de su estructura política, cuyos incumbentes se estiman presidenciales desde el principio, la gobernabilidad se hace difícil, peor aún, cuando tiene que arrancar con el enemigo dentro  y con poder sobre el manejo de la cosa pública.

Luis Abinader constituye más gráfico de los ejemplos con un ejercicio inclinado a grupos empresariales, compañeros de partido con intereses propios y una Administración Pública sellada por el Servicio Civil y Carrera Administrativa y cuyos mandatarios anteriores dejaron bien garantizados muchos de sus cuadros políticos en posiciones claves y siempre a su servicio, de eso no hay que detallar,  una mirada dilatada basta.

Muchos de los funcionarios que empezaron muy bien y que en el manejo de la crisis jugaron su rol hasta que apareció el bicho de las aspiraciones y cada cual empezó a fortalecer su imperios desde las propias estructuras de su ejercicio como servidor del Estado.

Aunque ciertamente hay que decir que posiciones importantes y delicadas en la gestión pública no están en las manos de personas afectas al régimen, fruto de lo dicho anteriormente, razón por la cual en ocasiones las filtraciones y retrasos juegan su papel en el caos aparente o real.

Los meses y día porvenir, cuando el proselitismo se apodere del país, todo cambiará de blanco a oscuro y el trabajo del enemigo interno como el de los amigos que no son amigos en su entorno, tendrán mayor campo de acción y el ejercicio del Gobierno irá perdiendo valoración.

Las dificultades que ha debido afrontar el mandatario en los primeros seis años de su gestión han sido muchas y sería recomendable que retome su presencia y participación de cara al público, para que el síndrome de la soledad en el poder no lo colme y su liderazgo político se mantenga alto, aún después de su gestión.

Gobernar con el enemigo, invertir en quienes cambian de color cuando les conviene, deja su secuela al final de la jornada, preciso es que las buenas intenciones y el interés demostrado por el gobernante en favor del país, pueda permanecer como la parte positiva de su ejercicio a lo largo del tiempo. ¡Ojalá se escuche!

 

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Cuando un presidente asume como tal y su gestión de gobierno inicia con crisis epidémica, desastres naturales y equipos de su estructura política, cuyos incumbentes se estiman presidenciales desde el principio, la gobernabilidad se hace difícil, peor aún, cuando tiene que arrancar con el enemigo dentro  y con poder sobre el manejo de la cosa pública.

Luis Abinader constituye más gráfico de los ejemplos con un ejercicio inclinado a grupos empresariales, compañeros de partido con intereses propios y una Administración Pública sellada por el Servicio Civil y Carrera Administrativa y cuyos mandatarios anteriores dejaron bien garantizados muchos de sus cuadros políticos en posiciones claves y siempre a su servicio, de eso no hay que detallar,  una mirada dilatada basta.

Muchos de los funcionarios que empezaron muy bien y que en el manejo de la crisis jugaron su rol hasta que apareció el bicho de las aspiraciones y cada cual empezó a fortalecer su imperios desde las propias estructuras de su ejercicio como servidor del Estado.

Aunque ciertamente hay que decir que posiciones importantes y delicadas en la gestión pública no están en las manos de personas afectas al régimen, fruto de lo dicho anteriormente, razón por la cual en ocasiones las filtraciones y retrasos juegan su papel en el caos aparente o real.

Los meses y día porvenir, cuando el proselitismo se apodere del país, todo cambiará de blanco a oscuro y el trabajo del enemigo interno como el de los amigos que no son amigos en su entorno, tendrán mayor campo de acción y el ejercicio del Gobierno irá perdiendo valoración.

Las dificultades que ha debido afrontar el mandatario en los primeros seis años de su gestión han sido muchas y sería recomendable que retome su presencia y participación de cara al público, para que el síndrome de la soledad en el poder no lo colme y su liderazgo político se mantenga alto, aún después de su gestión.

Gobernar con el enemigo, invertir en quienes cambian de color cuando les conviene, deja su secuela al final de la jornada, preciso es que las buenas intenciones y el interés demostrado por el gobernante en favor del país, pueda permanecer como la parte positiva de su ejercicio a lo largo del tiempo. ¡Ojalá se escuche!

 

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