¿Qué significa estar “en línea”?

¿Qué significa estar “en línea”?

La pregunta que pone título a este breve escrito puede resultar muy fácil de responder, y no faltará quien se atreva a asegurar que hasta tonta parece.

Pero más que la facilidad o dificultad, la clave está en determinar la utilidad que la misma tiene a los fines de mejorar el entendimiento entre las personas.

Para obtener el mejor provecho es recomendable que revisemos un poco. Luego de esa revisión será casi seguro que convengamos en que la comunicación debería estar considerada como la principal maravilla de la humanidad.

Mucho nos han hablado sobre el Faro de Alejandría, el Coloso de Rodas, el Templo de Artemisa, la Estatua de Zeus, el Mausoleo de Halicarnaso, los Jardines Colgantes de Babilonia y la Gran Pirámide de Guiza. Se trata de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Pero también se nos ha hablado sobre la estatua del Cristo Redentor, las ruinas de Machu Picchu, la Gran Muralla China, la ciudad de Petra, el palacio del Taj Mahal, el Coliseo Romano y la ciudad de Chichen Itzá. Las de esta segunda lista son conocidas como las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

Pero ¿nos hemos detenido a pensar lo que significaría no contar con la comunicación? ¿Cómo podríamos enterarnos de las maravillas de una y otra etapa? ¿Cómo podríamos establecer y mantener relaciones? ¿Cómo podríamos compartir las ocurrencias? ¿Cómo haríamos para lograr acuerdos?

Así descubrieron aquellos seres que hoy conocemos como “humanos” la extraordinaria herramienta que permitió poner acciones en común. Así nació la comunicación. En ello se basa el estudioso Garzón Céspedes para decir que “sin comunicación no hay ser humano”. 

El rol humanizante de la comunicación se ha podido evidenciar en las transformaciones que han implicado hitos como lograr descubrir la capacidad de emitir sonidos con significado, después de ver pasar tanto tiempo teniendo que usar todo el cuerpo para intentar hacernos entender por los demás.

Luego, lograr aquellos primeros trazos y después letras y más adelante palabras con significado que representen a cada significante ha sido un proceso que, además de tomarse mucho tiempo, ha implicado transformaciones extraordinarias para la humanidad.

Sin embargo, desde hace algunas décadas hemos entrado en un proceso que reta grandemente a muchos estudiosos. Se ha determinado que mientras más medios tenemos a la mano, más incomunicados estamos. Con el paso del tiempo, los medios están dificultando, en lugar de facilitar, la real comunicación.

Una muestra de ello la tenemos en una aplicación que ha venido a resolver muchos problemas y a facilitar la comunicación. De hecho, muchas personas ya ni saldo en su teléfono necesitan: con un “paquetico” les basta porque llaman por “WhatsApp”.

Como contrapeso a esas bondades, la famosa aplicación también tiene sus dificultades. Cualquiera, con solo obtener tu número telefónico, puede enviarte desde simples textos o emojis hasta notas de voz y videos, además de llamarte. 

Esas características, tanto de la famosa aplicación como de otras muy usadas en la actualidad, si bien es cierto que facilitan, no menos cierto es que trastornan la privacidad y hasta la paz, privilegios que cada vez se hacen más difíciles de lograr.

Hay gente que te ve “en línea”, pero no parece capaz de entender que puedes estar: en una llamada, realizando un trabajo que no debe ser interrumpido, recibiendo o enviando algo que precisa de tiempo y especial atención, e incluso que puedes estar usando “WhatsApp Web”, entre otras muchísimas razones que pueden motivar real dificultad para estar disponible en ese momento.

Esto me recuerda a un querido e inolvidable maestro, a quien con muy alta frecuencia le he escuchado decir: “tecnología sin conocimiento es igual a chatarra”.

En suma, necesitamos reducir la velocidad que caracteriza a la sociedad actual. Está muy bien que a una máquina le pidamos responder de inmediato. Para eso están diseñadas. Pero los seres humanos operamos a otro ritmo. Cuando se nos presiona a responder con mayor rapidez, lo que opera es el instinto: nuestro componente animal.

Una máquina no necesita pensar, no lo hace. Nosotros sí. Eso nos hace diferentes y superiores a los denominados animales irracionales.

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