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Fuerza del Pueblo busca donde no hay

Miguel Ángel Cid Cid. Miguel Ángel Cid Cid.

Salido de un parto prematuro en 2019, en incubadora hasta 2020, el partido Fuerza del Pueblo se erige avasallante. Confiado en la suerte, en la desgracia del PLD y, en el reinado del León, que lo heredó por providencia divina.

En verdad, la FUPU —como llaman a la Fuerza del Pueblo— es entre todos los partidos, el más suertudo en la historia política dominicana. Las estrellas adquieren brillo inusual cuando se alinean en torno a su líder.

Apocado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), un partido mal agradecido, ingrato, envidioso…Lo anterior se confirma con dos hechos:  primero, solo le permitió ser presidente de la República tres veces, es decir doce años. Segundo, le impidieron completar los 20 años siendo presidente de la organización.

Por lo anterior, el país y, en especial, los peledeístas están en deuda impagable con él.

O, acaso no fue el líder mesiánico el que transformó el partido morado. El que lo convirtió en una organización política moderna, acorde con la tendencia del siglo XXI, superando los estándares del primer mundo.

El progreso morado adquirió —bajo la tutela del mesías— una magnitud tal que aprendieron el dominio perfecto de los algoritmos. Pero la ingratitud llegó tan lejos que se lo aplicaron —sin que él se percatara— a su propio maestro.

Cuando el maestro, líder y guía vino a darse cuenta era demasiado tarde. Entonces se armó el “juidero”.

Pero igual que Dios, el mesías tiene el poder de dar y de quitar. Por eso, las cualidades excepcionales que le dio al PLD —con su salida— se las arrancó de raíz. Las guardó en el bolsillo de la pretina, días después las desembolsó para transferirlas ipso facto a la Fuerza del Pueblo. El partido recién creado.

La FUPU, desde entonces, es considerada como la escuela de la organización política ideal en República Dominicana e Hispano América. De manera que, si quieres organizar dos congresos como si fuera uno solo, consulte al líder. Si quieres imposiciones democráticas, venga donde el maestro. Si quieres autoritarismo participativo, el León es la solución.

Sobre todo, si su agrupación se propone elegir un secretario general señalado con el dedo democrático del líder, la FUPU tiene la fórmula.

La FUPU es un partido tan moderno que le es innecesario construir una estructura operativa. La fuerza de su líder es suficiente. Ningún otro partido supera a los fupuistas.

Conjuga en su seno, por derivación, las corrientes políticas e ideológicas más contradictorias. Conviven ahí, por ejemplo, los marxistas-maoistas y los leninistas también; el liberalismo democrático, los libertarios, los conservadores extremistas, la tercera vía, etc., etc., etc. Y los perseguidores de haitianos por igual. Todos en perfecta armonía.

Pero el diablo no duerme en su cama. Por tanto, hay un adversario de ojos cruzados que le tendió un manto morado para nublar la visión clarividente del maestro, líder y guía.

A este grupo político, colmado de mentes abiertas, les aterra la oscuridad. Es por ello que el nubarrón amoratado les impide recordar con precisión quienes han sido juramentados en el partido.

Todavía hoy —5 años después— hay militantes que renunciaron del PLD y se han juramentado en la FP hasta tres veces por año. Pronto llegaran a la juramentación número seiscientos sesenta y seis.

Y es que, persiguiendo ser cada día más virtuales no se percatan que ya los peledeístas dejaron de emigrar. La hemorragia dio paso al goteo. Los fupuistas, por tanto, deberían buscar otras fuentes humanas para reclutar nuevos militantes. La realidad amerita un giro en la estrategia de crecimiento partidario.

Porque el discurso manido que propone, por ejemplo: renuncia de ahí, ven para donde nosotros antes de que te instrumenten un expediente. O, si te cambias para la Fuerza del Pueblo el líder te librará de la cárcel. Esa narrativa agotó su efecto terrorífico.

En suma, el partido Fuerza del Pueblo podría definirse como una agrupación minimalista. Un partido compacto, que aprovecha lo poco para crecer.

Hay que aprender de los que saben. Por eso, sidesean aprender sobre política ahí les va la formuladel León. La regla de oro en el interior de la FUPU consiste en nunca contradecir al maestro, líder y guía. Pero la incubadora no da abasto.    

 

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