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Juan Mayí y su cabellera de «Fauno» del Olimpo

En la fotografía colectiva: Juan Mayí, tercero de izquierda a derecha, de pie ©️ Jean Marc Moser. París, 1992. En la fotografía colectiva: Juan Mayí, tercero de izquierda a derecha, de pie ©️ Jean Marc Moser. París, 1992.

Nunca creí posible que Mayí (Juan) pudiera ser un cantante de Rock, pero sí, quizás, uno de los últimos «Faunos» del Olimpo.

Ya comprendo porqué la Humanidad (desde aquí, la República Dominicana) le corresponde celebrando y concelebrando —a él—su arte, su creatividad, su verdad única renombrada como una flecha lanzada al aire sin las ironías de las convenciones sociales que desnuda la laberíntica existencia de los «opuestos».

Es que, Mayí es atemporal; un hombre-árbol de dos siglos que sólo ha amado a plenitud (y se sonroja cuando lo admite, no sin antes evadir mis preguntas)—desde el sublime ágape— una vez, y esa vez fue para crear (engendrar) a Gala.

Gala-Hélèna (París, 29 de octubre de 1989) es su hija que es, esencialmente única, irrepetible, de una nobleza espiritual trascendente.

Es Gala «su otro» yo, el de Juan Mayí (San Francisco de Macorís, 23 de abril , 1963).

Es Gala —como Juan—  auténtica, absolutamente en conexión con su esencia ancestral: con el continente inmenso de África; allí donde el Autógrafo de Dios hizo que el soplo de la vida se extendiera como un germen por las otras latitudes del planeta.

Gala-Hélèna Mayí-Miranda es Juan Mayí —en femenino—  y, aquí está la prueba gráfica y visual que lo atestigua:

Sus cascadas de cabelleras indómitas evocando el privilegio de tener memorias; memorias que se han ido hilvanando, tejiendo, hilando, a través de su pelo.

—Juan: No te recortes «¡Más nunca!» tu cabellera.

—Gala: Has siempre de tu pelo tu «referente» porque eres una Madre-Continental, Madre-África en/del Caribe.

 

Ylonka Nacidit-Perdomo

Publicado por la autora en su cuenta de Instagram.

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