Masculinidad positiva y la conversación pendiente en República Dominicana
- Escrito por Vilma Batista
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- Publicado en Opinión
La conversación sobre la violencia contra la mujer en la República Dominicana suele iniciar y terminar en el mismo punto céntrico que la víctima.
Cada vez más voces están planteando una pregunta incómoda pero necesaria de ¿qué estamos haciendo con el victimario antes de que ocurra la tragedia?
Ese fue uno de los debates más reveladores surgidos durante el panel “Salud Mental, Mujer y Sociedad”, organizado por la Fundación Vida Sin Violencia en la Universidad Católica de Santo Domingo, un espacio que reunió a especialistas de la salud, la comunicación y la acción social para analizar la salud mental desde una perspectiva amplia y urgente.
Durante el encuentro, moderado por Yanira Fondeur, se expresaron reflexiones profundas de expertos como el psiquiatra José Miguel Gómez, la especialista Soraya Lara Caba, el presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios, Persio Maldonado, la psicóloga Yanis Mejía y la empresaria Amarilys Durán, quienes coincidieron en que la salud mental debe dejar de ser un tema marginal y convertirse en una política pública prioritaria.
En medio de ese conversatorio emergió una reflexión que merece mayor atención.
El reconocido periodista y director de medios, Persio Maldonado planteó en una premisa que nos invita a replantearnos el enfoque.
Si solo acompañamos a la víctima, pero no intervenimos al agresor, la tragedia seguirá repitiéndose.
Maldonado entiende que las Casas de Acogida también pueden servir de centros de intervención preventiva para el agresor desde que se tenga una denuncia.
Porque detrás de muchos casos de violencia existen hombres que nunca aprendieron a gestionar sus emociones, que crecieron en entornos donde la frustración se resolvía con control, silencio o agresión.
Ahí entra un concepto que todavía cuesta entender como es la masculinidad positiva.
No se trata de feminizar o enfrentar a hombres contra mujeres.
Se trata de reeducar emocionalmente a una sociedad donde durante generaciones a los hombres se les enseñó que llorar era debilidad, que pedir ayuda era fracaso y que el control era una forma de amor.
Ese modelo es frustrante y está agotado.
Promover la masculinidad positiva significa enseñar a los niños, jóvenes y adultos, que la fortaleza también está en la empatía, el diálogo y la gestión emocional.
Significa abrir espacios para la salud mental masculina, para la prevención y para la intervención temprana.
Porque cuando un hombre no tiene herramientas emocionales, el riesgo es para él y también puede serlo para quienes lo rodean.
En el panel se habló de políticas públicas, de acceso a tratamiento, de cobertura de las ARS, de la urgencia de fortalecer la atención primaria en salud mental.
Todo eso es fundamental.
Pero también debemos atrevernos a abrir otra conversación:
¿Dónde están los programas para trabajar con los agresores antes de que se conviertan en feminicidas?
La prevención de la violencia no se construye únicamente con leyes más severas.
Se construye con educación emocional, intervención psicológica temprana y una transformación cultural profunda.
República Dominicana necesita hablar de salud mental masculina, de paternidad consciente y de nuevas formas de entender el poder, la frustración y las relaciones.
Porque una sociedad sana no solo protege a las víctimas.
También evita que existan más victimarios.
Y ese es el diálogo que en nuestro país ya no puede esperar.
En los últimos años, esta conversación también ha comenzado a permear las políticas públicas.
Desde el programa Supérate, por ejemplo, se han impulsado espacios formativos como el Foro de Masculinidad y Paternidad Responsable, que busca promover nuevas formas de relación entre hombres y mujeres, fortaleciendo familias funcionales y comunidades más equitativas.
Estas iniciativas parten de la premisa de que las relaciones saludables también son un factor clave para el desarrollo social y la reducción de la violencia.
A esto se suman campañas de cambio cultural en las que tuve el privilegio de colaborar desde la comunicación comi “Desaprendamos la lección”, impulsada por Supérate junto a aliados internacionales, que invita a la sociedad dominicana a cuestionar patrones culturales aprendidos que normalizan la violencia y a reconstruir las relaciones desde el respeto y la empatía.
Ambas iniciativas comparten una línea de liderazgo que hoy también se proyecta desde el Ministerio de la Mujer, bajo el liderazgo de Gloria Reyes, quien ha insistido en que las políticas sociales no deben limitarse a la asistencia económica, sino que deben transformar las dinámicas familiares, comunitarias y culturales que perpetúan la desigualdad y la violencia.
La prevención de la violencia no se construye únicamente con leyes más severas.
Se construye con educación emocional, políticas públicas sostenidas y una transformación cultural que permita a los hombres aprender nuevas formas de relacionarse consigo mismos, con las mujeres y con los demás.
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