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Es el jardín botánico: pulmones de todos

Es el jardín botánico: pulmones de todos. Es el jardín botánico: pulmones de todos.

No habrá amanecer de la Humanidad, si a la vida se le da por tumba —premeditada—  la violencia del erecto falo de una sierra. Ese erecto falo (del poder extremo) con dientes afilados, que gruñen, y amenazan a nuestros pulmones.

Ese falo actúa en un territorio que pierde su capa vegetal. No es árbitro alguno y, no será vencedor ni tendrá el banquete del silencio, aún se eleven ´voces´ amortiguadas (desde el ruido que trae la sierra) que solo pueden tener como ´invención´ desconocer que la tierra, la Naturaleza, los árboles y las plantas del Jardín Botánico son también carne viva; la única carne viva del polvo de las estrellas que no puede ser desvirgada para cubrirla del desquiciante cemento. Nuestros pulmones no desean tener a flautistas a su alrededor con atavíos de multicolores, contorsionándose en promesas, obedeciéndola entre sí, para crear el efecto del olvido.

Ahora sabemos que, la «mala política», a la cual se quiere acostumbrar a este pueblo, es solo un torso desnudo que se nutre del teatro. Desde la puesta en escena de la simulación —donde la ciudadanía continúa siendo víctima de la espada estilizada que le llevan a sus pulmones— no puede retoñar un nuevo amanecer a esta Nación, cuando usando el falo se pretende imponer un dominio del poder.

No, no. El sufrimiento por el Jardín Botánico no puede ni es un sufrimiento mudo. Las bocas de las mayorías tienen que abrirse como una caja de resonancia, para que se comprenda que la manipulada «conformidad social» —aun con las pretensiones de acallarlas—  se agita ancestralmente y, se hace tormenta que no puede ser rapta como Helena, ni colgarse al cuello como una guirnalda hecha con espejitos de fantasía.

Si se concretiza la destrucción/mutilación del Jardín Botánico, este repudiable hecho quedará como un «sello» más de violencia patriarcal. Esa violencia que no se resigna a dejar su inhumanidad; inhumanidad que ´evoca´ a la barbarie, que nos hace vivir en duelo, en angustia, en una prisión, y deja a la Naturaleza (que somos, al final de cuentas todos) sin tener plenitud de existencia.

Golpe tras golpe —ahora de sierra— así es que actúa el patriarcado con asechanza. Es el horror de la escena en Santo Domingo —además en el Centro Olímpico—, como si cada día debamos ver cómo es la crueldad de la muerte dada a nuestros pulmones y a sus bosques de la vida. Así es la mutilación que se pretende del Jardín Botánico Nacional. Es el horror que la insensatez nos trae, de los que algunos llaman «objeto utilitario inmediato.» Al parecer, en la República Dominicana, destruir se hace norma.

 

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